Alfred Bruneau

Nació el 3 de marzo de 1857 en París, murió en la misma capital el 15 de junio de 1934. Nacido en el seno de una familia aficionada al arte (su madre había estudiado con Corot y su padre había fundado en París una casa editorial que publicó muchos trabajos de la escuela franckiana), se matriculó a los dieciséis años en el Conservatorio.

Fue allí alumno de Franchomme para el violín, de Savard para la armonía y más tarde de Massenet para la composición. Recibió además consejos de Franck. En 1881 quedó en segundo lugar en el «Prix de Rome». En 1889 fue redactor musical de varios periódicos y diarios pa­risienses, actividad que prosiguió durante más de cuarenta años, extrayendo de ello materia para diversos volúmenes no exentos de interés crítico.

A los veintiún años inten­taba ya la forma escénica con una Jeanne d’Arc; a los treinta y cuatro, con El sueño (v.) —de la novela de Zola—, representado en la Opéra Comique en 1891, ganó el asen­timiento del público parisiense para una nueva dirección teatral que, recogida des­pués por Charpentier, dio a Francia una ópera naturalista alejada de la lección de Carmen.

Pero, posteriormente, en tanto que la constante colaboración con Zola exageró el aspecto polémico de sus trabajos acen­tuando la tentativa «naturalista», la inven­ción musical no tuvo ya una paralela coherencia. .Renunciando algunas veces también a la versificación por la prosa, puso música entre 1893 y 1916 a otros seis libros de Zola: L’attaque du moulin (que superó el éxito de Le rêve), Méssidor, L’ouragan, L’enfant Roi, Naïs Micoulin, Les quattre journées, a las que se añadieron la música de escena para La falta del abate Mouret (v.) y un Lazare inédito.

La muerte de su inspirador, por el que sintió Bruneau siempre una profunda devoción, no le indujo a abandonar el tea­tro. Sin embargo, tanto los temas que eli­gió, estrictamente melodramáticos — como el victorhuguiano Angelo, tirano de Padua (1918, v.) que será el mismo de la Gio­conda de Ponchielli —, como las tentativas de intromisión en el campo cómico con Le Roi Candaule (1921) y Virginie (1931), in­dican que había agotado sus razones crea­doras, vinculadas a una época ya pasada.

E. Zanetti

Mariano Brull

Poeta cubano de ori­gen catalán, nació en Puerto Príncipe, actual Camagüey, el 26 de febrero de 1891, y murió en 1956.

De formación europea, a la que contribuyó en buena parte su dedicación a la diplomacia, llegó a familiarizarse con la poesía española, inglesa y francesa. Su irrup­ción en el campo poético fue sosegada (La casa del silencio, Madrid, 1916), llena de un lirismo sereno en el que asoma la in­fluencia de Juan Ramón Jiménez.

Pero, años más tarde, había de lanzarse a la aventura del vanguardismo (Poemas en menguante, París, 1928, y Canto Redondo, París, 1934), orilla que una vez abordada no abandona­ría ya. Brull es poeta de metáforas, bellísi­mas a veces, e inventor de sonidos, heren­cia dadaísta.

Sus poemas son deliciosos, más desde el punto de vista auditivo que lírico; en uno de ellos surge la voz «jitanjáfora» que Alfonso Reyes había de identificar como filigrana lírica, hermana menor de la metáfora. Además de las obras citadas, Mariano Brull publicó Solo de rosa (1941) y Tiempo en pena (1950).

A. Ramos

Aimable Guillaume-Prosper, barón de Brugière de Barante

Nació el 1.° de junio de 1782 en Riom, (Puy-de-Dôme), y murió el 21 de noviembre de 1866 en Dorat (Auvernia). Durante el imperio napoleónico, y aun cuando simpatizara con la oposición liberal, ejerció.

importantes cargos, y fue prefecto de la Vendée (1809) y del Loira inferior; posteriormente obtuvo el aprecio de Luis XVIII, que en 1819 le hizo par de Francia. Como diputado y colaborador del ministro Decazes luchó contra la extrema derecha, y más tarde se opuso a la política eclesiástica del reaccionario Villéle; adhi­rióse a la revolución de 1830, y el año si­guiente fue enviado como embajador a Tu­rin, donde entabló amistad con los liberales italianos (entre los que figuraba el conde de Cavour), y en 1835 a San Petersburgo.

Tras el movimiento revolucionario de 1848 dejó la carrera diplomática, dedicóse a com­poner obras políticas (Questions constitu­tionnelles, 1850) e históricas sobre la Revo­lución y a traducir los dramas de Schiller, y atendió, singularmente, al texto que ma­yor fama le procuró como escritor: la His­toria de los duques de Borgoña de la casa de Valois (v.), en la que pone de mani­fiesto su gusto romántico en la evocación histórica y sus dotes de narrador ameno.

P. Onnis

Antón Bruckner

Nació el 4 de septiem­bre de 1824 en Ansfelden en la Alta Aus­tria, murió el 11 de octubre de 1896 en Viena. De precoz talento, hizo sus primeros estu­dios musicales con su padre, maestro de escuela, sacristán y organista; después en Horsching, con su primo Johann B. Weiss, quien le instruyó en el órgano y en el bajo; más tarde estudió en Viena composición con Simón Sechter y teoría de las formas e ins­trumentación con Otto Kitzler.

Mientras tanto había iniciado la actividad profesio­nal como profesor y organista en la cole­giata de San Florián en Linz — de 1845 a 1856 — y después como organista de la cate­dral de Linz, donde permaneció hasta 1868; y había dado ya notables ensayos de com­posición, entre los cuales dos Requiem y dos Misas. En este período hizo viajes a Mu­nich, donde en 1865 oyó el Tristán (v.) y conoció personalmente a Wagner; entre aquel año y el siguiente dio a luz la pri­mera de sus Sinfonías (v.) y la Misa en mi menor (v. Misas).

En 1868 se trasladó a Viena, donde residió hasta su muerte, des­empeñando varios cargos: profesor de armonía, contrapunto y órgano en el Conser­vatorio, miembro de la Capilla de Corte con varias funciones, ayudante de profesor de piano y órgano en la escuela magistral femenina de Santa Ana, lector de armonía y contrapunto en la Universidad, de la que en 1891 fue nombrado doctor honorario.

Desde Viena hizo muchos viajes artísticos, dio conciertos de órgano en Nancy, París, Londres, estuvo muchas veces en Bayreuth, donde asistió en 1876 a la primera repre­sentación dé la Trilogía wagneriana, y en 1882 a la de Parsífal (v.); hizo algunos via­jes a otras ciudades alemanas y uno a Suiza (1880). Durante los períodos de Linz y de Viena compuso la parte más impor­tante de sus obras: las otras Sinfonías y Mi­sas, los Salmos (v.), el Te Deum, otras com­posiciones corales, etc.

Aunque una ojeada tan sumaria a su vida puede dar la impre­sión de que fue afortunada, por el contrario, resultó muy trabajosa; sufrió la hosti­lidad de músicos como Brahms, Bülow y Joachim y de críticos como Hanslick, . en tanto que gozó de la simpatía y de la esti­mación de Wagner y de Liszt, y reunió un círculo de fieles discípulos como Mahler y el gran director de orquesta Nikisch, los cúales se dedicaron de un modo activo a la consolidación y difusión de sus obras.

F. Fano

Robert Browning

Nació en Camberwell, cerca de Londres, el 7 de junio de 1812, y murió en Venecia el 12 de diciembre de 1889.

Hijo de una acaudalada familia burguesa que alentaba con entusiasmo sus aspiracio­nes poéticas, el joven Browning pudo adquirir una cultura vasta y más bien confusa, y dedi­carse tanto a la poesía como a la música y a los viajes (en 1883 fue a San Petersburgo, y el año siguiente visitó por vez pri­mera Italia, donde se detuvo en Venecia y Asolo).

Satisfacía con ello su afán de aven­turas y no experimentaba la necesidad de reaccionar de otra forma ante el clima Vic­toriano que le rodeaba y cuyas convencio­nes sociales y fórmulas de pensamiento iba aceptando poco a poco; de ahí la íntima discordancia entre un fondo tradicional y conformista y una revolución formal com­pletamente exterior que revela gran parte de su poesía.

Las primeras producciones del autor, Paulina (v.), Paracelso (v.) y Sordello (v.), ofrecen características originales de timbre y técnica; pero, precisamente por su verbosa y complicada oscuridad y sus intentos de penetración psicológica (sólo de manera), desconcertaban a los lectores.

En 1835, con la relación con Macready, empezó su actividad de dramaturgo, extendida casi a lo largo de veinte años y de la cual no ha quedado ninguna obra destacada. Mientras tanto, había desarrollado con originalidad el módulo del monólogo lírico – dramático, mediante la aproximación audaz del lenguaje al habla común y la elevación de lo pintoresco e insignificante a la categoría poética; algunos soliloquios de las coleccio­nes de poesías correspondientes a 1842 y 1845 figuran, junto con los monólogos de volú­menes posteriores (Hombres y mujeres, v., de 1855, y Dramatis personae, v., de 1864), entre las mejores evasiones de la presunta impersonalidad de los modos dramáticos de este «lírico temeroso de sí mismo».

Conquis­tado el aprecio de hombres como Carlyle, Landor y Rossetti, en 1844 entabló amistad con la poetisa Elizabeth Barrett, enferma y sujeta a los dulces celos de su padre, y vio­lando por primera y única vez las normas sociales, persuadióla a huir con él a Italia tras un matrimonio secreto.

Durante quince años los Browning vivieron tranquilamente en di­cho país, en la casa Guidi, de Florencia (donde nació su único hijo, Robert). Falle­cida su esposa, el poeta volvió a Inglaterra y emprendió nuevamente su plácida exis­tencia de burgués intelectual y mundano, publicó varias colecciones de poesías y su poema más ambicioso El anillo y el libro (v.), recibió honores de varias procedencias y dio su consentimiento a la fundación de una «Browning Society» para la elucidación de sus obras, que, en realidad, llegaban a constituir una vasta, aun cuando no pro­funda, comedia humana.

En 1889 el autor marchó de nuevo a Italia en busca de su hijo y de sus recuerdos; allí, en el pala­cio Rezzonico de Venecia, le sorprendió la muerte.

N. D’Agostino