Poeta cubano de origen catalán, nació en Puerto Príncipe, actual Camagüey, el 26 de febrero de 1891, y murió en 1956.
De formación europea, a la que contribuyó en buena parte su dedicación a la diplomacia, llegó a familiarizarse con la poesía española, inglesa y francesa. Su irrupción en el campo poético fue sosegada (La casa del silencio, Madrid, 1916), llena de un lirismo sereno en el que asoma la influencia de Juan Ramón Jiménez.
Pero, años más tarde, había de lanzarse a la aventura del vanguardismo (Poemas en menguante, París, 1928, y Canto Redondo, París, 1934), orilla que una vez abordada no abandonaría ya. Brull es poeta de metáforas, bellísimas a veces, e inventor de sonidos, herencia dadaísta.
Sus poemas son deliciosos, más desde el punto de vista auditivo que lírico; en uno de ellos surge la voz «jitanjáfora» que Alfonso Reyes había de identificar como filigrana lírica, hermana menor de la metáfora. Además de las obras citadas, Mariano Brull publicó Solo de rosa (1941) y Tiempo en pena (1950).
A. Ramos

