Poesías, John Donne

Canciones,-sonetos y elegías forman el conjunto de las poesías líricas de John Donne (1573-1631) propia­mente dichas, y su composición data, gene­ralmente, de los años juveniles del poeta. Se refleja en estas poesías la imagen del joven culto del Renacimiento inglés, embebido de platonismo pero dedicado al amor y a los placeres, ansioso de conocimiento y filoso­fía pero carente de impulsos religiosos.

Sólo más tarde, convertido bajo los golpes de la dura experiencia, Donne pasó de un catoli­cismo tibio a un protestantismo ferviente, y llegó a deán de San Pablo en Londres. Publicadas póstumas (1633), sus poesías fue­ron en su mayoría compuestas cuando esta­ban de moda las colecciones de sonetos, que muchos poetas de la época (entre ellos Spenser y Shakespeare) publicaron en for­ma de cancioneros, imitando a poetas fran­ceses (Desportes, Ronsard) e italianos (Pe­trarca, Tasso, Tebaldeo, etc.). Donne quiso reaccionar contra los amores amanerados, sus temas siempre iguales, las descripciones fáciles, el convencionalismo de los senti­mientos, la moral caballeresca y el verso fuertemente ritmado pero de cadencias re­gulares y monótonas.

No armonía de ver­sos, sino una versificación ruda, con licen­cias, choques de acentos y decidido predo­minio del sentido sobre la musicalidad; los «conceptos», que en aquellos poetas eran un ornato ocasional, se convierten para él en la misma razón de ser de muchas de sus poesías constituidas exclusivamente de suti­lezas («wit»). La mujer, que para los sone­tistas era la cruel inaccesible, ha descendido en Donne a un plano de humanidad corrien­te e, incluso cuando perdura como objeto de pasión, es un ser sin virtudes ni atributos celestiales, que inspira un amor francamente sensual; así en «La Aparición» [«The Apparition»].

El platonismo de Donne no se agota en actitudes convencionales, sino que sobre los datos de la sensualidad desenvuelve con­sideraciones complicadas, cargadas de alu­siones a la filosofía y la ciencia de la época, llegando alguna vez la complicación tan lejos, que caería en el ridículo si no se advirtiese que el poeta juega con las ideas. Así en una célebre poesía, «La pulga» [«The Flea»]: uno de estos insectos pica al poe­ta, luego salta a la amante y chupa su sangre; la mujer quiere matarla, pero él se opone, extrayendo del hecho las conside­raciones más inesperadas e interpretándolo como sus bodas de sangre. En la mayor parte de casos, a situaciones de un materialismo sensual (como en la elegía «El per­fume» [«The Perfume»], de tono casi de «fabliau»), se mezclan aspiraciones y senti­mientos de alta espiritualidad que oscure­cen las poesías y determinan su singularísimo tono.

A esta característica debe Donne el calificativo de «metafísico», que le dio Dryden y recogió Samuel Johnson. Llenas de oscuras alusiones se nos ofrecen cinco poe­sías que, por su analogía temática, pueden considerarse unidas entre sí y quizás dedi­cadas a la señora Magdalen Herbert: «El funeral» [«The Funerall»], «La flor» [«The Blossome»], «La prímula» [«The Primrose»], «La reliquia» [«The Relique»], «La exhala­ción» [«The Dampe»].Los sonetos a menudo no reproducen ni el esquema métrico italia­no (seguido sólo en los Sonetos sacros, v.) ni la modificación que hizo Surrey y que acabó por prevalecer en Inglaterra, siendo sonetos sólo por el nombre.

En estas poesías, ricas en imágenes atrevidas y de viva sensibilidad, animadas por una sinceridad poco frecuente en la poesía de sus coetáneos, el contraste entre el sensualismo y las aspiraciones espi­rituales crea una situación dramática que existía en el ánimo del poeta y que le sos­tiene siempre, aunque no esté explícita­mente expresada. Además de ser lo mejor de la obra de Donne, sus poemas son una de las manifestaciones más singulares e interesantes de la poesía inglesa y, después de su publicación, ejercieron una gran influencia, hasta el punto de originar todo un grupo de poetas llamados «metafísicos» (Crashaw, Herbert, etc.) que se desenvol­vieron sobre todo en el campo religioso y cuentan entre las mayores figuras poéticas del siglo XVII en Inglaterra.

S. Rosati