Vipaścit

Protagonista de una bella leyenda_ hindú que figura en un Purāṇa (v.): el Mārkandeya-Purāṇa o Purāṇa de Mārkaṇḑeya.

Rey virtuoso y piadoso, Vipaścit es uno de aquellos ejemplos del amor al prójimo, que en la India han sido siempre objeto de admirada exaltación. Por una sola falta, leve y fugaz, cometida durante su vida ejemplar, Vipaścit, inmediatamente después de su muerte, es llevado por un siervo de Yama (v.) (dios de los muertos) al infierno, donde debe permanecer algún tiempo. Después de haber explicado al rey- la doctrina arcana de las acciones («karman») que, si se cumplen durante la vida, determinan el premio o el castigo en el más allá, y tras una larga descripción de las penas que en el infierno aguardan a los distintos pecadores, el criado de Yama se dispone a hacer salir a Vipaścit de aquel lugar de expiación.

Pero he aquí que todos los condenados le rodean, rogándole que se quede aún un poco, porque su presencia mitiga sus tormentos con el hálito benéfico que de él emana. Y Vipaścit prorrumpe entonces en sinceras palabras que ponen de manifiesto toda su grandeza moral y todo su amor por aquellos desdichados que a sus ojos no aparecen como pecadores, sino sólo como seres que sufren. Conmove­dor y sentimental es el diálogo entre Vipaścit y el siervo de Yama. Exclama Vipaścit: «Ni en el cielo ni en el mundo de Brahmā pienso que un viviente pueda ser tan feliz como cuando puede aliviar las torturas de otros seres». Y quiere permane­cer en el infierno para continuar aquella buena obra. Pero el criado de Yama repli­ca: «Ven, oh rey, y vámonos; goza de los frutos de tus buenas acciones y deja las torturas de aquellos que por sus maldades las merecieron».

Y el rey: «No, no saldré de aquí mientras estos miserables habitan­tes del infierno sientan algún consuelo gra­cias a mi presencia… Si con mi sufrimiento tantos desdichados pueden ser felices, ¿qué más puedo desear? No vaciles, márchate y déjame». Al fin se presentan Yama (v.) e Indra (v.), y este último, el rey de los dioses, escucha el voto de Vipaścit, que le pedía que por gracia de sus infinitas bue­nas acciones los habitantes del infierno fue­ran liberados de sus tormentos. Y en el mismo instante en que Vipaścit sube al cielo, cesan los sufrimientos de aquellos desdichados. El diálogo entre Vipaścit y el siervo de Yama, sublime y dramático, pre­senta analogías con el diálogo entre Yama y Sāvitri (v.).

M. Vallauri