Virgilia

Personaje del Coriolano (v.), drama de William Shakespeare (1564-1616). En contraste con la altiva y valerosa Volumnia (v.),

Virgilia es una figura de mu­jer suave y humilde, apenas dibujada, pero viva y conmovedora precisamente por su sumisa actitud y su silencio. Coriolano (v.) la saluda como su «graciosa taciturna», y aun como su «gracioso silencio» [«My gracious silence»] con eficacísimo empleo de lo abstracto. Sin duda alguna, Virgilia, con su dulce sumisión, presta el necesario equilibrio a un drama que de otro modo tendería demasiado a la aridez y a la du­reza: en la economía del Coriolano, esta dulce figura de esposa cumple una función comparable a la que desempeña en Medida por medida (v.) Mariana (v.), la amante abandonada que sufre en silencio. Su amor por Coriolano no es posesivo, como el de Volumnia, sino más bien devoto y obedien­te, y mientras la madre se enorgullece pen­sando en la matanza de enemigos que hará Coriolano en la guerra contra los volskos (Volumnia es en algún momento la patria misma convertida en criatura humana), Virgilia ruega para que su esposo resulte ile­so, y cuando aquél regresa triunfante, le sale al encuentro con el rostro bañado de lágrimas.

Pero así como Volumnia es la voz de la patria, Virgilia es la voz de la familia: también su amor trasciende el estrecho vínculo personal, y en su íntima imploración (acto V, escena 3), cuando Vo­lumnia ha dicho a Coriolano: «No marcha­rás al asalto de tu patria; no, créeme, no marcharás si no es pasando por encima del regazo de la madre que te trajo al mundo», Virgilia añade: «Y también por encima del mío, que te dio a este niño para que tu nombre se mantuviese vivo a través del tiempo». También los sentimientos de Vir­gilia son romanos: por muy devota que sea de su «señor y marido», para ella cuenta más la sangre y la estirpe que el individuo.

M. Praz