Pedro Stepanovich Verchovenski es uno de los tres elementos que, con Stavroguin (y.) y Kirilov (v.), constituyen la tríada atea de la novela Los endemoniados (v.), de Fedor Dostoievski (Fëdor Michajlovič Dostoievski, 1821-1881).
Frente a Stavrogin y Kirilov, Verchovenski es una figura secundaria, pese a que a su alrededor gira la novela entera, o, mejor dicho, pese a que él es la causa motriz del movimiento revolucionario terrorista contra el que Dostoievski formula moralmente su acusación. Verdadero monstruo de amoralidad, Verchovenski es pintado no obstante en el curso de la novela más como un charlatán que como un hombre de acción, y parece casi inverosímil que pueda merecer tanta confianza y ejercer tan grande atractivo e influjo sobre el mundo que le rodea. Su negación de todo principio le obliga a vivir de ideas fijas y de fantasmas, y la apariencia de acción que desarrolla es el resultado del estado de alucinación en que se encuentra.
Éste es el único origen de su valentía, mientras que la cobardía, por el contrario, es connatural con su amoralidad, que le hace confiar naturalmente a los demás los actos peligrosos, abandonándoles luego a su destino y desapareciendo. Si efectivamente hubiera que considerar la novela no sólo como un acta de acusación, sino como una sátira del movimiento nihilista de 1870, la figura de Verchovenski justificaría más que ninguna otra esta opinión. Pero la novela, y con ella la figura de Verchovenski, van más allá de la sátira: sea quien fuere el modelo de Verchovenski, como el de Stavrogin o el de Kirilov, Dostoievski sacó sobre todo de sí mismo sus prototipos teóricos, símbolos genéricos de la «gran ira» del escritor frente a la negación de su ideal supremo, Dios.
E. Lo Gatto

