Vera

Heroína de la novela El declive (v.), de Iván Goncharov (Ivan Aleksandrovič Goncarov, 1812-1891). Aunque en la obra aparecen otras figuras de primer plano, Vera resulta ser la protagonista, por cuanto todos los acontecimientos giran a su alre­dedor.

Su tipo se halla entre dos épocas, sin pertenecer todavía a la nueva ni haber­se totalmente desprendido de la antigua: según la expresión de Merezkovski, la poe­sía del pasado se funde en la imagen de Vera con la poesía de lo eterno. De ahí deriva su relativa complicación y profun­didad, en comparación con las otras he­roínas de Goncharov, incluida la Olga Sergeevna (v.) de Oblomov (v.). Muy caracte­rístico es el hecho de que Vera defiende a su vieja abuela frente al hombre mismo a quien ama, el nihilista Marcos Volochov (v.), pero a la vez defiende a Volochov frente a aquélla.

En el curso de la novela, a través de uno u otro personaje, el autor intenta explicar el carácter de su heroína, que unas veces define como «naturaleza apasionada y nerviosa» y otras como «sal­vaje y enemiga de la gente». Vera se consi­dera sin duda «más fuerte» y «más pruden­te» que aquellos que la rodean: síntoma del influjo que en ella ejercen las nuevas ideas contra las cuales pretende luchar. Pero «el instinto, en ella, se adelantaba mucho a la experiencia», según la ley que Goncha­rov presenta como general y de la que Vera es un ejemplo: «la previsión y el presenti­miento del futuro de la vida son habitual­mente concedidos a las inteligencias agudas y observadoras, especialmente a las feme­ninas, a pesar de que no tengan experien­cia, pues en tales personas ésta es substi­tuida por el instinto».

Añadamos que, tam­bién por instinto, Vera conserva las viejas concepciones elementales de la vida y de la felicidad, que le permiten superar tan­tas pruebas, sobre todo la del orgullo hu­millado. El tipo de Vera no fue compren­dido inmediatamente y parte de la crítica contemporánea lo subestimó; pero en la realidad rusa las mujeres como ella aca­baron gradualmente por triunfar en toda la línea.

E. Lo Gatto