Turno

[Turnus]. Rey de los rútulos e hijo de Dauno, desempeña un importante papel en los últimos libros de la Eneida (v.), de Virgilio (70-19 a. de C.).

Su nom­bre es etrusco. Catón, si hemos de creer a Servio, narraba en sus Orígenes (v.) que Eneas (v.), al llegar a Italia, tuvo que combatir, por las razzias que los suyos habían hecho en el país, contra Turno y Latino (v.) (Catón fr. 9 Peter). Muerto éste, Turno, ayudado por Mezencio, reemprendió la guerra, pero murieron a la vez él, por un lado, y Eneas por el otro. En otro pa­saje el mismo Servio narra en cambio que, también según Catón, Turno, despechado porque Lavinia (v.), que estaba prometida a él, había sido ofrecida en matrimonio a Eneas, declaró la guerra a éste y a Latino (Catón fr. 11 Peter). Sea cual fuere el verdadero relato de Catón, la segunda ver­sión es la divulgada y la que recoge tam­bién Virgilio y, tras él, Ovidio; con ella concuerdan, con ligeras variantes, Livio (que contamina las dos versiones servianas) y, entre los griegos, Dionisio de Halicarnaso y Dión Casio.

Según estos dos últimos autores, Turno estaba emparenta­do con Latino, detalle desconocido de la tradición analista, pero recogido en la Enei­da, donde sirve para explicar por qué Ama­ta (v.) tomó el partido de Turno. Quien incita a entrambos contra Eneas es la Furia Alecto, enviada por Juno, enemiga de los troyanos, a sembrar la discordia. Latino se niega a romper la promesa hecha a Eneas y a declararle la guerra; pero el conflicto estalla a pesar suyo y los latinos se hallan al lado de Turno y de su aliado Mezencio frente a Eneas. En el libro IX de la Eneida, Turno, instigado por Juno por mediación de Iris, provoca a los troyanos intentando incendiar sus naves, que prodigiosamente se transforman en ninfas marinas. Una vez entablado el combate, Turno da muerte a Palante (v.); Eneas va en busca de aquél, pero Juno le salva po­niendo ante el héroe troyano un fantasma que tiene los rasgos de Turno, según un procedimiento análogo al que, en Homero, emplea Apolo para salvar a Eneas del ata­que de Diomedes (v.).

Cuando Latino inten­ta hacer la paz con los troyanos, Turno se opone y prepara una emboscada contra Eneas; tras la muerte de Camila (v.), se enfrenta con su adversario y le propone un duelo que decida la guerra, pero mientras los dos futuros contendientes prestan jura­mento de atenerse a las reglas del desafío, Juno hace que Giuturna, hermana de Tur­no, provoque nuevos conflictos y un dardo arrojado por el etrusco Tolumnio encienda de nuevo la refriega. Mientras Eneas avan­za hacia la ciudad, Amata, creyendo que Turno ha muerto ya, se ahorca. Por fin, Turno se enfrenta resueltamente con Eneas, dispuesto a batirse en duelo, y cuando Juno, cediendo al destino, le abandona, él su­cumbe. En toda esta parte es fácil ver una serie de imitaciones homéricas: en primer término, el duelo entre Paris (v.) y Mene- lao (v.) (también en Homero el pacto es violado por deseo de Hera, que envía a Palante a reanimar la guerra); y luego, en numerosos detalles, el combate decisivo en­tre Héctor (v.) y Aquiles (v.), en el que termina en rigor la acción de la Ilíada.

El duelo de Turno y Eneas cierra el poema virgiliano, como más tarde el duelo entre Ruggiero (v.) y Rodomonte (v.) terminará el Orlando furioso (v.). En Virgilio, Turno, enemigo jurado de Eneas, como Héctor lo es de Aquiles, es un héroe de gran pres­tancia física, comparable a Aquiles (VI, 89; IX, 742), desmesuradamente altanero y enfurecido por las instigaciones de Alecto: es el hombre de impulsos súbitos y contra­puestos, ora audaz hasta la temeridad, ora fugitivo del peligro, para arrostrarlo sober­biamente un momento después: siempre or­gulloso de su fuerza y capaz de dejarse llevar por la embriaguez de la victoria hasta ostentar como un trofeo la ensan­grentada cabeza de su enemigo, y luego, cuando es vencido a su vez, capaz de pe­dir merced, no para sí, sino para su an­ciano padre.

A. Ronconi