Protagonista del drama de su nombre (v.) de Kostís Palamás (1859-1943), Trisevjeni, o sea la «Elegida», es una personalidad huidiza y proteiforme, dotada de una especie de coherencia exasperada pero a la vez inconsistente y aérea.
Cuando se halla presente, se impone en la escena con el hechizo de su extraña belleza y la seguridad regia de sus actos. Pasa rápidamente de la calma y la compostura a vivacísimos arrebatos de entusiasmo, expresiones altaneras o airados movimientos de furor. Cerrada y tensa en una idea y en una pasión, el peso del silencio la abruma; solicitada por fuerzas que se le oponen, irrumpe con violencia torrencial. No carente de impulsos más tiernamente femeninos, obedece ciegamente al instinto que de vez en cuando se apodera de ella.
Adorada, es también adoradora de sí misma, pues tiene perfecta conciencia de su seducción; desdeña a los demás, pero ansia sus homenajes, y provoca los actos de obsequiosidad, cuando no corresponde a ellos con perentorias muestras de afecto. Rebelde, «supermujer», desconocedora de toda barrera familiar y social, sigue hasta el suicidio la única ley de su belleza y de su instinto: el culto del yo. Palamás estableció un ideal parentesco entre su Trisevjeni y Erofile (v.). Pero más convincentes son las comparaciones de esa figura con la de Hedda Gabler (v.) de Ibsen.
Cuando Borgese afirma, refiriéndose a aquella heroína nórdica: «Ni siquiera se puede decir que fuera condenada: ¿cómo pudo ser condenada si no tuvo jamás alma? Es un fantasma, una pesadilla, que se desvanece en el aire… Al morir se hizo un alma… va buscando la libertad, y halla la salvación», sentimos que estas palabras son las que convienen a la heroína mediterránea. Del mismo modo que la otra exclamaba: «¡También el pecho es bello!» para matarse atravesándolo con el hierro, y que Mila di Codra (v.) se exaltaba en el grito «¡La llama es bella!», Trisevjeni exclama: «El amor no es puro: puro es el veneno», como medio de muerte, y en la muerte se rescata y se resume su experiencia. Signo de contradicción entre dos mundos opuestos, Trisevjeni impone a todo el drama su poderosa y fascinadora vida estética.
F. M.ª Pontani

