Protagonista de la novela de Rudyard Kipling (1865-1936) Stalky & Co. (v.), en la que el autor, reflejando hechos y episodios de la época que pasó en un colegio del North Devon, nos ofrece un esbozo de retrato de sí mismo en la adolescencia— bajo los rasgos del alumno Beetle (v.) —y de algunos de sus compañeros que, si bien no ejercieron ningún influjo en su destino de escritor, sin duda debieron servirle de modelos más tarde, cuando se trató de definir caracteres y de dar rostro y alma a sus personajes.
Así Mr. Corkran, el «tío Stalky» para sus íntimos, muchacho de 16 años que capitanea la banda «infernal» del colegio, hombre de acción, estratega, especie de Fígaro (v.) que para cada problema tiene una solución y que si conviene sabe aguantarse y deportivamente «encajar los golpes», aguardando sin impaciencia su hora, saboreando la espera y engañándola con hábiles diversiones, este muchacho que no olvida jamás el sentido de su apodo (sacado de «to stalk», cazar acercándose furtivamente a la presa), será mañana el soldado colonial, de siete pies de altura y cuatro de tórax, taciturno y despótico, pundonoroso y coriáceo y al mismo tiempo «sereno como un toro sagrado de Brahma», con una sola, divisa en lo más profundo de su ser: servir, obedecer, mantenerse en su puesto de centinela avanzado, siempre y en todo momento en los infinitos caminos que conducen a un Londres imperial. Tales muchachos y tales hombres, dibujados con vigoroso trazo por escritores de la incisiva potencia de Kipling, explican la obstinada fortuna británica mejor que cien estudios políticos.
E. Gara

