Señora Bennet

[Mrs. Bennet]. Per­sonaje de la novela Orgullo y prejuicio (v.) de Jane Austen (1775-1817). La señora Bennet es «una mujer de inteligencia me­diocre, escasa cultura y temperamento in­deciso… Su finalidad vital era el planear arreglos matrimoniales para sus hijas; sus pasatiempos, las visitas y comadreos».

Este retrato que Jane Austen nos traza define suficientemente al personaje. En realidad, el pequeño mundo de una burguesía provin­ciana no podía ofrecer, a una persona de tan escasos recursos mentales, más diversión que las habladurías. Y, por otro lado, las cinco hijas casaderas tenían que significar, una preocupación no pequeña en una época en que los padres debían devanarse los sesos para encontrar partidos aceptables para sus hijas.

Además, la señora Bennet no puede contar con la ayuda de su ma­rido (v. Bennet, señor), que la menosprecia ostensiblemente y afecta un total desinte­rés por los problemas familiares, intervi­niendo sólo con comentarios sarcásticos que acaban por desorientar completamente a la pobre señora. Su falta de gusto y de tacto le confiere un carácter netamente vulgar y la convierte en persona casi insoportable en una sociedad tan cuidadosa en disimu­lar sus sentimientos y reacciones.

El único expediente que se le ocurre para salir de apuros es el de simular un ataque de ner­vios apenas una situación cualquiera resul­ta demasiado ardua para sus limitados re­cursos espirituales. Las exclamaciones de la señora Bennet en el apogeo de su ale­gría (su lenguaje es siempre exclamativo) parecen casi un eco de las que Shylock (v.) profiere en lo más profundo de su desesperación; del mismo modo que éste exclama, ante la pérdida de sus dos bienes: « ¡Oh, hija mía! ¡Oh, mis ducados!», tam­bién la señora Bennet, al conocer el ven­tajoso matrimonio de su hija, exclama: « ¡Una casa en la ciudad! ¡Todo lo más hermoso! ¡Tres hijas casadas! ¡Diez mil libras al año! Señor, ¿qué será de mí? ¡Me siento enloquecer!» En uno y otra sólo el afecto egoísta y la venalidad.

Estos sentimientos constituyen, en el fondo, la única realidad de Mrs. Bennet, incisiva caricatura en la galería de retratos dieci­ochescos que nos ofrece Jane Austen en sus novelas.

G. Melchiori