Rut

[Rūth]. Personaje principal del li­bro de su nombre (v.) y una de las más conmovedoras figuras del Antiguo Testamento.

En cuatro páginas se evoca toda una novela: innumerables pintores han in­tentado renovar su encanto, y Victor Hugo, en su «Booz endormi» en La leyenda de los siglos (v.) dejó que penetraran en sus versos el aliento de la noche, las erran­tes fragancias y todo el hechizo de la tierra de Palestina tan apto para impreg­narse de espiritualidad. «En la época en que los Jueces gobernaban el país», un hombre de Belén obligado por la carestía a abandonar su tierra se establece en el país de Moab, y sus hijos se casan con doncellas moabitas. Pasan los años, el des­terrado y sus hijos mueren, y quedan solas las mujeres, la anciana Noemí (v.) y sus dos nueras Orfa y Rut. La primera decide regresar a Judea; la otra, Rut, se queda para no abandonar a Noemí.

Más tarde, terminada la carestía, ambas vuelven tam­bién a Belén. Pero se hallan arruinadas, reducidas a la miseria, y Rut se ve obli­gada a ir a espigar detrás de los segadores. Mientras se dedica a este trabajo en el cam­po del rico Booz (v.) éste la observa. Ca­sualmente, Booz es primo de Noemí, y por tanto le es aplicable la ley israelita del levirato, en virtud de la cual un pariente próximo debe sustituir junto a la viuda joven al marido que ésta perdiera. En la dulce noche de Belén, Rut se tiende al lado de Booz, el cual, enternecido por lo que sabe de ella, de su devoción a Noemí y de su humildad, la hace su esposa. Y Rut, como quiere la etimología de su nom­bre, será la «colmada de amor». Es curioso observar que esa delicada historia floreció en la época de los Jueces, cuando la con­quista de Canaán por los israelitas hizo verter tanta sangre: del mismo modo, du­rante nuestra Edad Media, los excesos de la violencia ceden a veces ante las dulzuras de Tristán (v.) o de Griselda (v.).

Pero como siempre ocurre en la Biblia (v.), el relato se enriquece también aquí con otros significados. Rut habrá de ser la abuela de Gesé y por lo tanto de ella nacerá aquel «árbol de Gesé», caro a los artistas de nuestras catedrales, del cual Jesús será la postrera flor. Y la interpretación simbólica, como ya subrayó Claudel en su prólogo al Libro de Rut del padre Tardif de Moidrey, ve en la historia de la moabita la del alma llamada a la vida contemplativa: para ser «colmada de amor», ¿no necesita también ésta uña paciencia, lealtad y humildad in­finitas?

H. Daniel-Rops