Héroe supremo de la epopeya irania, según aparece en el Libro de los Reyes (v.) de Firdusi (m. en 1020). Ajeno quizás a la más antigua fase de la leyenda, Rustem toma en ella un lugar preponderante al injertarse ésta en la vena principal del ciclo del Sigistán, al cual pertenece.
Hijo de Zal y de Rudabe, cuyos amores se narran en algunas de las más famosas páginas del poema, Rustem nace no sin grandes dificultades y con la intervención sobrenatural del pájaro Simürgh, que le extrae del cuerpo de su madre por medio de una operación cesárea; de niño, diez nodrizas son insuficientes para amamantarlo; de adulto, sus hazañas llenan el Irán y el Turán, por donde campea como fiel paladín de los reyes iranios, exterminando héroes, elefantes y ejércitos y debelando gigantes y magos. Su principal característica es la fuerza prodigiosa con que maneja las armas, revestido con una coraza cubierta por una piel de tigre y montado en su fiel corcel Rakhsh. Aquella cualidad física le expone al riesgo de convertirse en un tipo más bien extrínseco, y realmente no es muy acentuada su personalidad interior, cuyo rasgo más humano se revela en el famoso episodio de su duelo con su hijo Sohráb, a quien da muerte sin conocerle y a quien luego llora tiernamente.
Dotado de una longevidad extraordinaria, Rustem sobrevive a numerosos reyes y sólo sucumbe víctima de la emboscada de un hermanastro traidor, Sheghád, que le hace caer en una fosa sembrada de lanzas; pero antes de expirar puede todavía dar muerte al felón. Con este episodio termina la parte propiamente mítica del poema y empieza la historicorreligiosa (triunfo de la religión de Zoroastro que el pagano Rustem combatía, dando muerte a su campeón Isfendyár), e historiconovelesca (relativa a Alejandro, los partos y los sasánidas). Así, pese a que artísticamente su figura resulte más bien incolora, Rustem representa toda la edad heroica de Persia, y, aunque en el Libro de los Reyes no falten tipos de héroes más ricos en humanidad, el ideal iranio del perfecto caballero se ha concentrado preferentemente en él (como sucede en Roma con Eneas, v.; en Italia con Orlando, v., y en España con el Cid, v.).
F. Gabrieli

