Ruodlieb

Es el héroe de un poema la­tino titulado con su nombre (v.) y escrito en hexámetros, hacia 1030, por un monje del monasterio de Tegernsee, en la Alta Baviera.

Ruodlieb se distingue por su for­mación caballeresca, su valor, su amor a la patria, su afecto a su madre, la bondad de su corazón y sus sentimientos cristia­nos. Es un caballero perfecto, tan valeroso en la guerra, donde logra derrotar a un rey, luchando por su señor, como experto en las artes cortesanas, tales como tañer el arpa o sostener agradables coloquios. También conoce hierbas que domeñan a los lobos y permiten atrapar fácilmente a los peces, sabe hacer danzar a los osos y domesticar perros, monos, leones, etc. Ruod­lieb es el primer héroe de la literatura alemana que posee algún rasgo de aquel carácter aventurero y místico que más adelante distinguirá al tipo del «loco in­genuo» («tumbe tore») inmortalizado en las figuras de Parsifal (v. Perceval) y de Sim­plicio (v.).

A semejanza de éstos, ha sido educado en un clima de absoluta simplici­dad, que pronto abandona en pos de la gloria de las armas; y, también a seme­janza de ellos, a través de sus diversas aventuras, se propone, no la conquista de riquezas materiales, sino la de la sabidu­ría. Pero, menos viviente que aquéllos, Ruodlieb es en cambio más consciente de su significación, hasta el punto de conver­tirse en una figura decorativamente ale­górica, criatura de las sutilezas especula­tivas de la Edad Media, más que de su in­genua fantasía más secreta.

M. Pensa