Príncipe Vladimiro

Personaje his­tórico del siglo X, que se incorporó a la poesía épica rusa constituyendo el centro del ciclo llamado de las bilmas de Kiev o también, con su propio nombre, de Vladimiro.

Los hechos históricos del primer gran príncipe ruso a quien el país debió su conversión al cristianismo se presentan al­terados, pero reconocibles, en la poesía épica. Contribuyó no poco a la popularidad de Vladimiro, como a la de los otros tres héroes del ciclo, Ilia Muromec (v.), Dobrynia Nikitich (v.) y Aliocha Popovich (v.), el hecho histórico de que él fue, entre los príncipes descendientes de Rurik, fun­dador de la dinastía varega de Kiev, el primero que dejó de considerar la tierra rusa como fuente de enriquecimiento para sí y sus mesnadas y empezó a preocuparse de su prosperidad, construyendo ciudades y fortalezas y difundiendo entre las tribus los elementos de la civilización cristiana bizantina. Las distintas reacciones que su política suscitó en la sociedad rusa de su época se reflejaron también en los cantos a él dedicados, favorables o adversos, que, aunque se fundieran en un ciclo único, mantuvieron los rasgos contradictorios en su figura, por un lado presentándole como a «Krasnoe Solnysko», el bello sol, el lu­minoso, el afectuoso, y por otro como un hombre astuto, vil, disoluto e ingrato.

Sin embargo, en el centro de la mayor parte de las bilmas del ciclo de Kiev la figura de Vladimiro sólo adquiere evidencia por contraposición a la de los héroes que com­baten por él y a cuyas gestas son dedicados los distintos cantos. Esos héroes, en efecto, representan las fuerzas y los intereses de las distintas regiones de la antigua Rusia frente al príncipe Vladimiro, y si bien son muy parecidos a los hombres reales (la epopeya los llama «hijos de mortales»), en cierto’ sentido adquieren un valor histórico gracias a su relación con Vladimiro, a cuyo alrededor se mueven como los planetas al­rededor del sol.

E. Lo Gatto