Píramo y Tisbe

Personajes de una antigua historia de amor, por otra parte poco conocida de los escri­tores antiguos, a excepción de Ovidio (v. Metamorfosis, IV), que alude expresamente a esa limitada notoriedad de la fábula.

Pí­ramo y Tisbe eran un muchacho y una joven de Babilonia, obligados a verse a es­condidas porque sus padres se oponían a su matrimonio. Como sus casas estaban se­paradas por una pared, podían hablarse a través de una rendija, hasta que lograron combinar un encuentro junto a una fuente y a una morera. Tisbe, que llegó la pri­mera, fue asustada por una leona que iba a beber a la fuente, y huyó abandonando su velo. La leona, tras mancharlo con sus fauces ensangrentadas por recientes pre­sas, lo dejó caer de nuevo. Píramo, al lle­gar poco después, hallando el velo ensan­grentado y creyendo muerta a Tisbe, se suicidó para no sobrevivirle. Tisbe a su vez, al encontrar el cadáver, se dio también la muerte con la misma espada.

Y los fru­tos de la morera se mancharon con la san­gre de los amantes, mientras las raíces bebían la que empapaba el terreno. A par­tir de entonces, dice la fábula, los frutos de la morera se colorean siempre de os­curo al madurar, en recuerdo del antiguo episodio y en señal de renovado luto. La narración ovidiana se halla aislada en la literatura clásica, y los antecedentes orien­tales que conocemos son demasiado lejanos para poderlos poner directamente en con­tacto con el gracioso y breve relato de las Metamorfosis.

F. Codino