Perdita

Personaje del Cuento de in­vierno (v.), drama de William Shakespeare (1564-1616). Al lado de Cordelia (v.), Imogen (v.) y Miranda (v.), Perdita es una suprema encarnación de la feminidad en cuanto ésta tiene de más dulce, atractivo e ingenuo.

Ornada con toda la nobleza de su sangre real, que no se desmiente ni siquiera bajo las apariencias de pastora con que Perdita se enfrenta con la vida, su destino la mantiene alejada de los ha­lagos artificiosos y engañadores de la cor­te: por ello detesta todo cuanto no es na­tural, todo cuanto es hipocresía y falsi­ficación. Basta una sola escena del drama (IV, 4) para que su gracia triunfe de un modo inolvidable: aquella en que distri­buye flores a sus huéspedes, y, como si estuviera penetrada por el espíritu mismo de la fiesta pastoril, quiere cubrir de flo­res a su amado, de pies a cabeza.

Así apa­rece como una perfecta encarnación de la fiesta de mayo y, comparable a la mujer dantesca que «va cantando y eligiendo flo­res entre flores», nos hace pensar en «Pro­serpina nel tempo che perdette / la madre lei ed ella primavera» [«Proserpina en el tiempo en que perdieron / su madre a ella y ella a la primavera»]. Como ella misma dice: «Oh Proserpina, ahora quisiera te­ner aquellas flores que tú, asustada, de­jaste caer del carro de Plutón», y sigue con una guirnalda de suaves flores que nos recuerda un rasgo semejante de Ofelia (v.). Y es porque la mente de Shakespeare, al dar cuerpo a las figuras de esas jóvenes, evocaba naturalmente aquellas flores de las que ellas, en su suave fragilidad, parecían hermanas. El mismo nombre de Perdita es dado por Stelio Éffrena (v.) a la Foscarina en El fuego (v.) de Gabriele D’An­nunzio.

M. Praz