Patelin

[Maître Pathelin]. Personaje principal de La farsa de maese Pathelin (v.), obra anónima francesa de fines del siglo XV. Con sus verdaderos rasgos de pobre hombre, y nada más que un pobre hombre, Patelin se presenta ya en las primeras palabras de la obra para seguir siendo, en su socarrona astucia, sólo un pobre hombre hasta el final.

Es el primer burgués que se encuentra en la historia del teatro dramático, el primer hombre libre, aunque indefenso y sin ayuda nin­guna, como no sean únicamente trascen­dentales esperanzas, y el primero que des­deña los mitos: « ¿Qué nos importa Carlo- magno?… Sin ropa con que cubrirnos, ni alimentos que llevarnos a la boca, cariacon­tecidos y casi a punto de morir… ¿de qué nos sirve el saber?» Hijo del último juglar, cuya miseria y cuya fe había cantado dos siglos antes el desesperado Rutebeuf, guar­dando empero una rosa para la Madre de Dios, Patelin, que no es ya un juglar, sino un hombre educado y culto, carece de ídolos a quienes ofrecer rosas y espe­ranzas y se halla solo con su pobreza y con el único recurso de su inteligencia desilusionada y sutilmente cínica.

Sobre las ruinas del feudalismo el mundo volvía a empezar, con los ojos abiertos, y supo reflejarse nítidamente un día en la amable y socarrona figura del abogado Patelin, a quien la miseria no induce a la plegaria sino a la astucia y al inocente embrollo. Pero ese ingenuo e inhábil picapleitos, as­tuto por desesperación más que por natu­ral disposición al engaño, tropieza fácil­mente con sus propias redes y acaba sien­do pagado con su propia moneda. ¿Será tal vez ésta la moraleja de su fábula? Su desilusión es ligera y humana y sin co­mentarios: Patelin no representa una lec­ción moral, sino un acto de consentimiento en la vida tal como es, trapacera y cán­dida como los protagonistas de sus farsas, desnuda e inmediata en la pillería de Pa­telin lo mismo que en el comportamiento de quienes le rodean y crean las circuns­tancias que dan origen a la sencilla dialéc­tica de su aventura humana.

Personaje de comedia antes de que la comedia hubiera nacido en el teatro francés, Patelin es ya el «tipo» molieresco, cuyo hábito es la astucia: «…ce ne sera que par ruse…» [«…sólo será por astucia…»], y los firmes trazos con que se dibuja su carácter dra­mático se confunden con los rápidos y hui­dizos atisbos de una imagen indefinible, apenas sugerida, que es la de las auténticas cosas vivientes.

G. Véronesi