Parsc

Personaje del drama Derrumbe en la Estación Norte (v. Teatro de Betti) del dramaturgo italiano Ugo Betti (1892- 1953). Ha ocurrido un derrumbamiento en la Estación Norte mientras se hacía una excavación. Como consecuencia han resul­tado tres personas muertas y tres enloque­cidas que creen estar muertas ellas tam­bién.

El consejero Parsc piensa que le dan una importancia excesiva al hecho. Se tra­ta de algo simple; en el fondo, algo que no ofrece dificultad. Parsc espera que el proceso no será largo. No quisiera regresar después del mediodía; vive muy lejos. La instrucción no está muy avanzada, pero se­gún él ya está todo claro. Parsc lleva quin­ce años de servicio y sólo desea el as­censo. Prestan declaración un peón y el maquinista, que afirman ser inocentes. To­dos los obreros acusan al contratista Gaucker, quien se defiende desesperadamente.

A medida que el proceso continúa, Parsc ve menos claro. Parsc no comprende nada, no puede encontrar un punto firme sobre el que pronunciar sentencia. La aparición del Testigo Miope y del señor Kurz sirve para crear un enrarecido clima de palpi­tante entraña metafísica. Todos parecen culpables. Parsc quiere sustraerse a la obli­gación de pronunciar sentencia, pero el Fiscal general le recuerda que hay que pronunciar sentencia aquella misma noche, aunque Parsc afirme que su deber de jue­ces ya no puede pedir más. Son llamados a declarar los tres testigos muertos. Ellos estarán bien informados, piensa Parsc, y les pide ayuda para que todos puedan sa­lir de tanta confusión.

Los tres testigos no culpan a nadie. La confusión crece, el peón y el maquinista se declaran culpables. El fiscal declara que han llegado ya al fondo del asunto y que es necesario pro­nunciar sentencia. Es necesario que exista un responsable y un inocente. La criatura humana es esencialmente ávida por des­pejar las incógnitas de la culpa y la res­ponsabilidad. Parsc confiesa que está can­sado de hacer el payaso y que no puede dictar sentencia. En todos aquellos años, Parsc no había creído en la justicia ni en la ley. Este proceso le sirve a Parsc para ver claro, para confesar su egoísmo, su superficialidad, la tristeza de la vida que hasta ahora había llevado. Parsc sólo sabe que hay una gran confusión, una gran porquería, una gran canallada.

No quiere dictar sentencia, no puede, todo ha sido una broma. Pero los procesados se rebelan; han luchado, han sufrido y necesitan sa­ber la verdad, no puede reducirse todo a una broma. Parsc ya sabe ahora que quie­ren ser castigados para poder estar seguros de que caminaban y que su andar no era en vano. El pensamiento de Parsc se aclara poco a poco y por fin dicta su sentencia, la sentencia del derrumbe en la Estación Norte; considerando que todos los presen­tes en aquel tribunal y en otros han lu­chado y sufrido mucho, considerando que aunque sufren, quieren sufrir porque son hombres que quieren vivir, llorar, esperar, y seguir adelante con su carga, por estos motivos Parsc en nombre de Dios, en nom­bre de la ley, declara «que estos hombres pronunciaron… pronuncian ellos mismos to­dos los días de su vida, con sus sufri­mientos, la justa sentencia… y ellos mis­mos encontrarán la propia verdad. Y que quizá, de manos del Juez, ellos deberán esperar otra cosa, más importante: la pie­dad. ¡La piedad!»

J. M.a Pandolfi