Uno de los principales personajes de Los hijos del capitán Grant (v.), novela de Jules Verne (1828-1905). Paganel es francés y geógrafo, y, en la fantasía del autor, secretario de la «Société Géographique» de París.
Jules Verne, a semejanza de otros muchos escritores del siglo XIX, contribuyó a crear una «mitología laica» dibujando personajes que son, más que caracteres o tipos, auténticos héroes, o por decir mejor, héroes «laicos». El siglo XIX creyó en la evolución y el progreso humanos hasta divinizarlos, y el fruto de tal esperanza — que no puede llamarse fe sin ofender en cierto sentido la dignidad del hombre ochocentista — se manifiesta sobre todo en los personajes de Verne. El tipo de héroe y de jefe, Verne solía asignarlo a hombres de raza anglosajona (Cyro Smith, Phileas Fogg, o lord Glenervan), ya sea por la profunda admiración que sentía por esta raza, ya por la fama de serena valentía y en cierto modo de «superioridad» que los anglosajones habían ganado en sus gestas coloniales, en sus exploraciones y en sus batallas por la ciencia.
Entre los idealistas del siglo XIX, el internacionalismo, o por mejor decir la recíproca estima y la solidaridad entre los blancos, eran norma constante, y pocos autores merecen como Jules Verne el título de «idealista del siglo XIX». No pudiendo dar en sus historias «heroicas» el papel principal a los franceses, Verne les daba por lo menos papeles brillantes de segundo término. Así, a menudo es un francés (Passepartout) quien, burla burlando, resuelve felizmente la acción. Tal es el caso de Paganel: personaje socialmente superior a Passepartout, por cuanto no es un criado sino un hombre de ciencia mundialmente famoso, aunque no menos ameno, no menos ingenioso y no menos ocurrente que aquél.
Paganel, además, es el tipo del sabio distraído; no hay que olvidar, en efecto, que entre los más famosos y simpáticos tipos ochocentistas se encontraba el del sabio «que anda por las nubes». Paganel, por distracción, en lugar de embarcar en el «Escocia», que debía llevarle a la India a realizar determinados estudios geográficos, embarca en el «Duncan», el yate de lord Glenervan, que hacía rumbo a las costas de Chile, donde Glenervan y sus compañeros se proponían seguir las huellas del náufrago capitán Grant. Por distracción, Paganel, durante la travesía, aprende el portugués, creyendo aprender el español.
Por distracción, en la carta al capitán del «Duncan» que Glenervan le dicta, Paganel cambia la costa de Nueva Zelanda por la de Australia; y gracias a esta feliz distracción, lord Glenervan y los suyos no terminan en el estómago de los antropófagos maoríes, sino que encuentran su nave y pueden regresar a la patria. A la vez sabio, ameno, galante con las damas y distraído, el doctor Jacques Paganel, en las intenciones de Jules Verne, es uno de los más característicos y simpáticos ejemplares del hombre francés, y no puede decirse que no tenga razón.
A. Savinio

