Olindo y Sofronia

Personajes de la Jerusalén libertada (v.) de Torquato Tasso (1544-1595). Mientras los cruzados se acer­can a Jerusalén, el rey Aladino (v.) manda robar de una iglesia, para colocarla en una mezquita, una imagen de la Virgen: al desaparecer ésta, Aladino manda que se haga una matanza general de cristianos.

En la confusión que sigue a tan terrible orden, una joven, Sofronia, decide sacri­ficarse presentándose como autora del robo; pero, cuando está a punto de ser enviada a la hoguera, un joven, Olindo, que la amaba con abnegada devoción, aunque sin ser correspondido, se presenta, cual hace Niso (v.) en la Eneida (v.), y se proclama culpable ante los guardias. Entre ambos jóvenes se entabla una competición de he­roísmo, que recuerda otras análogas de la literatura clásica, como la de Orestes (v.) y Pílades en la Ifigenia en Tauride (v. Ifigenia), de Eurípides, hasta que llega la sentencia del rey, enviando a la muerte a ambos.

En aquel momento supremo, Olin­do se atreve a confesar con apasionadas y audaces palabras su amor, pero Sofronia, absorta en su ideal de heroísmo religioso, sólo puede contestarle con palabras de fe: «Amigo, el tiempo urge para cosas más altas». La intervención de la guerrera Clorinda (v.) habrá de obtener del rey la gra­cia de ambos jóvenes y Sofronia se casará con Olindo; pero tampoco ahora las pala­bras del poeta indican el goce de un mutuo amor. Este episodio arranca de un pasaje de Guillermo de Tiro, historiador de la cruzada, donde se narra que un joven se acusó y se sacrificó para salvar a los cris­tianos inculpados de haber profanado la mezquita de Ornar; pero — y la transfor­mación es significativa — Tasso convirtió al héroe en heroína, y envolvió a ésta en el aura de una pasión amorosa.

Así, el misti­cismo y el erotismo, los dos polos del espíritu y de la poesía de Tasso, se enlazan y se confunden en este episodio, en el cual se anticipan los motivos de todo el poema, y la oposición entre tierra y cielo, ardor de los sentidos y nostalgia de pureza llega a su más alta y clara nota en la invoca­ción de Olindo y en la exhortación de Sofronia. Los revisores de la Jerusalén liber­tada criticaron este episodio considerán­dolo poco coherente con la acción del poe­ma: por ello, y por escrúpulos religiosos, el poeta lo suprimió en la Jerusalén con­quistada (v.)- Sin embargo, es evidente que lo había escrito con amor, y con amor lo recibieron sus lectores.

Y su popularidad contribuyó no poco a dar consistencia a la leyenda del amor del poeta por Eleonora d’Este, a quien se creyó ver bajo los rasgos de Sofronia. Lo cierto es que el doloroso amor de Olindo por una criatura superior responde a una manera de sentir el amor muy característica de Tasso, que habrá de hallar luego mejores ocasiones de desarrollarse en los desdichados amores de Tancredo (v.) por Clorinda.

M. Fubini