[Myškin]. Protagonista de la novela El idiota (v.) de Fedor Dostoievski (Fëdor Michajlovič Dostoevskij, 1821- 1881).
«He querido representar en mi ‘idiota’ a un hombre positivamente bueno», escribió el propio Dostoievski; evidentemente en estas palabras está la clave del título de la novela y de la personalidad del héroe. La trama de aquélla, o mejor dicho la de su episodio central, a cuyo alrededor se desarrollan tantos otros, es en sí secundaria, ya que todo debe servir para caracterizar a Myshkin, sin duda una de las más enigmáticas figuras creadas por Dostoievski.
La mera enumeración de sus cualidades externas y psicológicas, que se revelan en el curso de. los acontecimientos, ya induce, a confusión: el príncipe Myshkin tiene buenos modales, pero cuando se halla en sociedad se comporta torpemente; es valeroso, pero al mismo tiempo cede fácilmente a la coacción ajena; comprende a los hombres con sólo verlos; es altruista, caritativo y compasivo, pero al mismo tiempo sabe mirar con ojos realistas, y no románticos ni sentimentales, la vida que transcurre ante él y a veces le arrastra; es inexperto e ingenuo y tiene plena confianza en los demás. Su «idiotez» consiste precisamente en la suma de esas cualidades, gracias a las cuales puede ser un hombre bueno y orgánicamente incapaz de todo egoísmo.
Evidentemente, es un ser que no existe en la realidad, y la crítica más reciente, que ha planteado el problema de si Myshkin deriva de Cristo y es o no un símbolo de Éste, ha penetrado sin duda más a fondo que la crítica anterior, que sólo veía en aquella «idiotez» la bondad o la desnuda franqueza de expresión, sin freno alguno de conveniencia social o moral. Indudablemente tales interpretaciones son en parte verdaderas, pero en la actitud de Myshkin hay algo más, que le impulsa a casarse por compasión con la humillada y exasperada Nastasia (v.), en aras de un imperativo que le hace sacrificar la felicidad de una joven que le ama y a quien él amaría si su propia felicidad le importara, ante la sola posibilidad de aliviar el martirio de la otra.
Hay algo que supera la normalidad, como lo hay en el abrazo fraterno entre Myshkin y su adversario Rogojin junto al cadáver de Nastasia, a la que este último ha dado muerte. Existe en Myshkin la comprensión inmediata de todo atisbo de luz que pueda haber en quien se le acerca, y una desesperada necesidad de salvar esa luz, pues ésta es la única forma de actividad en que se siente justificado. En el desequilibrio de las distintas partes de la obra, Myshkin sobresale artísticamente entre figuras vivas, en el choque no sólo de los problemas que se plantean, sino de las pasiones que de ellos fluyen. E.
Lo Gatto.

