[Madame Firmiani]. Breve relato de Honoré de Balzac (1799-1850), escrito en 1831 y publicado en 1832, más tarde incluido en el ciclo de la Comedia humana (v.), sección primera, «Escenas de la vida privada». Toda la primera parte está dedicada a un difuso retrato de la protagonista, del que surge una exquisita figura de mujer que la misma maledicencia adorna a pesar suyo con cualidades cautivadoras.
Queda sin embargo un misterio en la vida de la hermosa Firmiani, que de familia principesca (una Cadignan), pero de escasa fortuna, se casó con un riquísimo y anciano señor saboyano, que no ha reaparecido desde que ella abrió su salón, después de la caída de Bonaparte. No se sabe nada de su corazón; hay quien afirma que el joven Octavio de Camps está locamente enamorado de ella y se ha «arruinado por ella», pero ninguna prueba avala tales chismorreos. El viejo señor De Bourbonne está, sin embargo, preocupado; es un gentilhombre rural, tío y único pariente de Octavio; el buen anciano va a París, se atreve a enfrentarse con la hermosa mujer y obtiene por fin la confesión del sobrino: el joven ama de veras a la Firmiani y tiene razones para creerse correspondido; también es cierto que a causa de ella ha caído en la miseria, pues confesó a la mujer el turbio origen de la fortuna paterna y se vio inducido a efectuar un doloroso acto de justicia, renunciando a favor de quien tenía más derechos que él a dicha herencia.
El buen tío queda admirado, pero sobre todo estupefacto de la revelación y, por otra parte, tiene el consuelo de ver que todo se resuelve muy pronto de la mejor manera; pues la Firmiani, que era viuda desde hacía algunos años, recibe de Italia el testamento de su marido y puede ofrecer felizmente su mano y su fortuna a Octavio. Conclusión romántica de una tenue intriga sentimental de «conte bleu», que sin embargo ha sido poco más que un pretexto para un delicioso retrato de mujer, acariciado por Balzac con minuciosa delicadeza y con poética ligereza de toque.
M. Bonfantini
Se ha dicho a menudo que Balzac preparaba minuciosamente los protagonistas de sus comedias, pero habría más bien que afirmar, a mi parecer, que los fabricaba hábilmente, porque el individuo definido no añade nada por su parte a las definiciones abstractas de las que era resumen. (Fernández)

