Münchhausen

Protagonista de tres obras alemanas, una de R. E. Raspe (1737- 1794) escrita en inglés, otra de G. A. Bürger (1747-1794), escrita en alemán (v. Aven­turas del barón de Münchhausen) y la ter­cera de K. L. Immermann, en la misma len­gua, y titulada con el nombre del héroe.

Entre tantos narradores de aventuras ma­ravillosas el barón de Münchhausen es sin duda el más simpático y más honrado; sus aventuras son verdaderas precisamente por­que su misma inverosimilitud las proyecta a un plano cuya realidad es perfectamente conciliable con el absurdo: el plano de la fantasía, que es tanto más humana cuanto más pura. A semejanza de sus más inteli­gentes contemporáneos, en una época en que la inteligencia era patrimonio común, el fantástico barón se divierte con su propio ingenio, dejándose guiar por la paradoja y siguiéndola, hasta dar la impresión de hallarse por completo desvinculado de la realidad cotidiana, a la que de pronto vuel­ve tras un amplio rodeo, como a traición, para hacer una observación irónicamente bonachona o para afirmar una verdad de vasto alcance.

Como Gulliver (v.), Münch­hausen halla la verdad en lo fantástico y la expresa a la vez en sátira y en poesía; pero el juego de las relaciones y de los símbolos, el propósito social y moral, son menos manifiestos por lo mismo que son más generosos. Münchhausen prefiere sobre todo divertir a divertirse: instintivamente sabe que su inteligencia, sus nociones cien­tíficas, su conocimiento de las gentes y de las costumbres y en general todo el pa­trimonio cultural de su época amenazan con resultar más corrosivos que creadores y, ante el sentido demasiado vivo de la realidad, que caracteriza a la Ilustración (v.), intenta reaccionar por el lado de lo fantástico.

Éste es su principal mérito, co­mo es su drama y su poesía; muchos por aquella época intentaban hacer lo mismo, sin olvidar al propio Voltaire. Pero úni­camente Münchhausen debía lograrlo. Con Immermann, Münchhausen sale del clima de su época para entrar en el romántico: su carcajada es menos violenta y más cordial, y el sentido de la paradoja es reempla­zado por el más amplio de la aventura. Münchhausen parece así renunciar de vez en cuando a ser el hombre que lo sabe todo para sentirse pura y simplemente un buen hombre; y sonríe cuando, con un inesperado rasgo de humana sencillez, lo­gra hacer más luminosas sus aventuras.

U. Déttore