Mortimer

Uno de los personajes más audaces y sublimes del drama María Estuardo (v.) de Friedrich Schiller (1759- 1805). Mortimer es un carácter de bronce, fanatizado por una especie de pasión ca­balleresca por María Estuardo. «La vida es un momento y la muerte otro» afirma ese temerario, destinado a morir. «La existen­cia es el único bien de los cobardes» dice también.

Cuando proyecta la evasión de María, urdida por el embajador de Fran­cia y, tras él, por el cardenal De Guisa, y apoyada por el beneplácito del conde de Leicester, omnipotente favorito de Isabel de Inglaterra, Mortimer está sostenido por su fe católica y sobre todo por su exaltado amor a la prisionera. Decidido a todo, ha­brá de atacar por sorpresa, al frente de un aguerrido pelotón de conjurados en ar­mas — que han recibido previamente la extremaunción y la absolución de los pecados que pudieran cometer —, el castillo de Fotheringay, donde María está encerrada, dando muerte hasta al último carcelero.

María vacila: le repugna mezclar su nombre a nuevos crímenes, como le repugna en­tregarse a ese enamorado delirante, mien­tras cultiva lisonjeras relaciones con el conde de Leicester. Un atentado contra la reina Isabel, por mano de un barnabita, hace precipitar el plan de Mortimer, el cual, alarmado, va a ver a Leicester para recomendarle que salve a María. Leicester, que ha estado oscilando ambiguamente entre ambas reinas, se inclina por aquella a quien la fortuna favorece.

El caballeresco fana­tismo de Mortimer sobresale más aún por contraste con el comportamiento de tan frío calculador. Su espada se halla en estrecha comunicación con su corazón. Desdeñando las hipocresías de la razón de Estado y fa­natizado a la vez por su amor y por su partidismo político, Mortimer logra cubrir de desdén al traidor Leicester y arrostra sin temor la muerte. Entre los agitados personajes de María Estuardo, Mortimer representa maravillosamente el poder del amor, como entrega sin reservas y noble impulso incapaz de cálculo.

L. Giusso