Martín Fierro

Personaje del poema de este nombre (v.), de José Hernández (1834-1886).’ Martín Fierro es un gaucho (v.) bueno, laborioso y obligado a defen­derse de las arbitrariedades y abusos de quienes gobiernan.

Apresado con otros va­rios, es conducido como soldado a la fron­tera, donde conoce la vida de los fortines, la lucha con los salvajes, las incursiones, los engaños y las rapiñas de los jefes. Fierro permanece allí durante tres años, después de los cuales huye y regresa a sus territorios; pero halla un montón de ruinas en el lugar que había ocupado su cabaña, y que su mujer e hijos han des­aparecido. En busca de noticias sobre ellos, vaga desesperado por la «pampa». Borra­cho, discute en una «pulpería» (mesón) con un mestizo y le mata en duelo; luego tiene que hacer frente a un matón pro­tegido por las autoridades, y le da muerte asimismo.

Perseguido por la justicia, se oculta, y, alcanzado por un pelotón de po­licías, se defiende valerosamente. Durante la refriega, el sargento Cruz, movido por un generoso impulso, se pone de parte del acosado, ya que, como él mismo dice, no quiere contribuir a la muerte de un va­liente vencido por la superioridad numé­rica. Gracias a ese auxilio, el pelotón se ve obligado a renunciar a su empresa. Mar­tín y Cruz, por su parte, escapan a la pampa y tras largo errabundeo van a re­fugiarse, finalmente, entre los indios, más allá de la frontera, en busca de la libertad que la sociedad civilizada les ha negado.

Sin embargo, la peste se abate sobre la tribu, que queda diezmada; Cruz se ve también contagiado, y, antes de morir, rue­ga a su amigo que busque y proteja a un hijo que ha dejado entre los blancos. Aho­ra, solo, Fierro sigue viviendo en la tribu; pero un día, en defensa de una prisionera blanca bárbaramente maltratada, mata a un jefe indio, y logra huir con la mujer. De esta suerte, regresa a la civilización. Tras no pocas aventuras, halla a sus propios hijos y al de Cruz, quienes le cuentan sus desdichadas andanzas. Fierro les da con­sejos llenos de noble prudencia moral, y el poema acaba con la separación de los personajes. «He tratado de personificar en una figura el carácter de nuestros gauchos concentrando en ella su manera de ser, de sentir, de pensar y de expresarse»: así es­cribió Hernández a un amigo.

Martín Fierro es la exaltación de las virtudes humanas de una clase social que, desde la época colonial, a través de las luchas por la in­dependencia, y bajo la tiranía de Rosas y los primeros gobiernos de la Organi­zación Nacional, vivió sometida a toda suerte de injusticias y explotaciones, y, fi­nalmente, se vio barrida o absorbida por la inmigración extranjera.

L. A. Castellanos