[Lucrezia Buti]. Monja exclaustrada y esposa del pintor Filippo Lippi, impresionó, singularmente por ello, la imaginación del joven colegial Gabriele D’Annunzio (1863-1938), el cual, en El segundo amante de Lucrecia Buti (v.), narra cómo trataba amorosamente de identificar la figura de aquélla en los cuadros del pintor.
Informado de tan extraña pasión, el compañero que le lleva por vez primera al prostíbulo advierte a una prostituta que le diga se llama Lucrecia; de ello el título de la larga narración que evoca, sobre el fondo de los recuerdos del colegio, el despertar de la sensualidad y la intensa vida cultural (espiritual, a su manera) que el poeta llevó, entonces y siempre, aneja a aquélla.
E. De Michelis

