Leré

La protagonista femenina de Ángel Guerra (v.), de Benito Pérez Galdós (1843- 1920), empieza por ser una de las dos figu­ras en que se proyecta, dividiéndose, el espíritu del autor, pero que termina triun­fando en el sentido del libro.

Es una niñe­ra, de pupilas nerviosamente temblonas y de extraña personalidad, que por su sen­cillez evangélica y sus arranques místicos deja subyugado al idealista Ángel Guerra, el revolucionario arbitrista, que sueña re­formas sociales de sabor utópico. La muer­te de su hijita Ción hace a Ángel Guerra quedar completamente ligado en espíritu a «Leré», sintiéndose por completo desli­gado de su amante Dulcenombre.

Pero «Le­ré» se siente llamada a la vida religiosa y al sacrificio: Ángel Guerra quiere pactar con ella una suerte de matrimonio espiri­tual, imitando su vida y su entrega renunciadora. Al fin, cuando ya «Leré» es Sor Lorenza, Ángel Guerra sufre un rudo cho­que en sus proyectos y en su vida misma: herido fatalmente por unos malvados, llama junto a su agonía a la monja, y muere unido a la Iglesia por la ayuda de aquella pequeña santa abnegada. «Leré», como Nazarín (v.), de la obra de este título (v.), en­carna el ideal religioso de Galdós, una suer­te de catolicismo místico y progresista, muy en discordia con las formas sociales vigentes en su tiempo, y más sentimentalista y voluntarista que encarnado en creencias con­cretas, pero en todo caso intenso y sincero.

Aquí, y no en sus personajes de sentido an­ticlerical, más cargados de crítica social que religiosa propiamente dicha, es donde ha­llamos el más hondo impulso galdosiano; «Leré», personificando este sentir, quizá queda un poco abstracta, sin el redondea­miento realísimo de otras figuras galdosianas — sobre todo, secundarias —, pero ello ocurre precisamente por su misma energía en el ardor espiritual. Galdós ha puesto a esta figura el fondo de Toledo, la ciudad del Greco, como para compensar con el significado histórico de sus piedras lo que el apremio del designio religioso de «Leré» le haya podido menguar en su presencia física. J

. M.ª Valverde