Lavrecki

Fedor Ivanovich Lavrecki, protagonista de la novela Nido de nobles (v.), de Iván Turguenev (Ivan Sergeevič Turgenev, 1818-1883), es un típico ruso de mediados del siglo XIX, con muchos as­pectos que le sitúan en la categoría de los «hombres superfluos» repetidamente presen­tados por Turguenev (por ejemplo, Rudin, v.).

En la intención del escritor, quien pretende ofrecer, por lo menos como fondo de la acción de la novela, el cuadro de la vida de la nobleza en la víspera de las grandes reformas, el tipismo de Lavrecki tiene una razón de ser artística y social al mismo tiempo. Por ello su vida aparece descrita minuciosamente: en primer lugar, la infancia, bajo la influencia de una vieja tía extravagante que no emplea con el niño otro sistema que el del terror, o bien de su padre, un original maniático res­pecto a todo lo extranjero; luego, la ju­ventud, bajo la influencia de su amigo Michalevich, ferviente idealista que, sin em­bargo, no logra llevarle hacia la filosofía alemana, sino que más bien le impulsa, sin querer, a la eslavofilia; por fin, la edad madura, con el pesar de una vida ya trans­currida inútilmente, aun cuando, al mismo tiempo, con el ansia y el deseo de hacer algo, más por los otros y la sociedad en general que por sí mismo.

Lavrecki nada tiene de necio, y, por otra parte, no es malo, sino que se halla atormentado por la idea de no haber hecho nada y amar­gado por sus desventuras cotidianas, debi­das, sobre todo, a su carencia inicial de fuerza de voluntad. Se casa, en efecto, de una manera casi pasiva, y sufre las con­secuencias de su error de origen; la sepa­ración de su esposa, luego de la infidelidad de ésta, es para él una prueba atroz. Bajo la influencia del amor hacia Lisa y de Lisa (v.), aparece, en cambio, como un hombre distinto.

Cuanto hubiera habido en él de dudoso hasta entonces se convierte en cier­to, y su inquietud se transforma en una fe serena, y tan grande que le infunde el valor suficiente para renunciar a su feli­cidad personal, perdonando a su esposa y tratando de hallar una justificación a su propia existencia precisamente cuando ésta parece haber perdido toda razón de ser. Esta transformación, bajo el influjo del amor puro e ideal hacia Lisa, es algo que debe tenerse en cuenta no sólo para la comprensión de la personalidad de Lavrec­ki, sino también para percatarse de la importancia concedida por Turguenev, en la descripción de la Rusia de su época, a, las figuras femeninas, destinadas a com­pletar las masculinas, sometidas bastante más que aquéllas (cual ocurre asimismo en Lavrecki) a las influencias y vicisitudes sociales del mundo que las rodea.

E. Lo Gatto