Lady Rowena

Personaje de Ivanhoe (v.), de Walter Scott (1771-1832). En lady Rowena, tardío retoño de una ilustre estir­pe, la misma altivez parece un engarce de oro que hace brillar aún más la gema.

La vemos aparecer, al principio de la novela, en una escena en la que su virtud feme­nina resalta en pintoresco contraste con la violencia, dureza y codicia de los hombres que la rodean. Es la imagen ideal de la castellana de la Edad Media, altiva y pú­dica, esquiva y apasionada, tal como podía verla la fantasía romántica del ingenuo siglo XIX. A diferencia de otros tantos per­sonajes de la novela, lady Rowena es si­lenciosa.

Calla, no sólo por femenino y or­gulloso recato, sino porque su figura se dibuja precisamente en aquel silencio. Casi siempre puede verse en ella el símbolo de una lejana Edad Media nórdica. El antiguo mundo sajón a punto de ser sumergido por la oleada de la historia parece endurecerse en ella; y la conciencia de aquella pesada herencia que hay que defender confiere a la noble doncella una rígida majestad. Pero lady Rowena no vive sólo como expresión de un pueblo que se extingue.

Es mujer, y bajo un semblante en apariencia sereno y tranquilo sangra la herida de un amor contrariado. De su boca, más apta para mandar que para suplicar, no sale jamás un lamento ni una protesta. Su altivez es innegable, pero es la misma, sencilla y opa­ca, que se observa en Ivanhoe (v.) y, no pocas veces, en los modernos británicos. Sin embargo, al final, el amor y la com­pasión por una noble criatura desdichada, Rebeca (v.), acaban venciendo aquella solemnidad casi hierática. Lady Rowena baja de su pedestal y aparece en toda su huma­nidad. Thackeray, en Rebecca y Rowena (v.), parodió a este personaje, mostrándonos a Ivanhoe muerto de aburrimiento en su compañía.

B. Del Re