Es el «matador de osos», el héroe nacional letón de origen legendario. Amamantado, según la leyenda, por una osa, heredó de ella las orejas y una fuerza sobrehumana, cuya fuente mágica estaba en aquéllas.
Invencible en todos los combates, Lachplesis libera a la tierra de animales feroces, rema con sus vigorosas palmas cuando al atravesar la vertiginosa Dáugava se le rompen los remos, ara su campo con la ayuda del oso y realiza una serie de hazañas heroicas sin ser vencido, hasta que se enfrenta con el hijo de una bruja, que, conociendo el secreto de su fuerza, le corta las orejas. El héroe, a pesar de todo, sigue luchando y ambos adversarios enlazados en un cuerpo a cuerpo, caen en la Dáugava, donde su combate no habrá de tener fin.
Según la leyenda, por la noche puede vérseles luchar tal y como cayeron, y el pueblo cree que más tarde o más temprano el vencedor definitivo será Lachplesis y que su adversario será engullido por el río. Inspirándose en esta leyenda, A. Pumpurs (1841-1922) escribió el poema El matador de osos (v.) en el que el tema de la leyenda de Lachplesis se enlaza con otras y se introducen personajes históricos e imaginarios, todo ello ambientado en el clima histórico de las luchas con la Orden Teutónica. Así Lachplesis se convierte de personaje legendario en poco menos que héroe histórico.
Del poema de Pumpurs sacó más tarde Jánis Rainis (1865-1929) el asunto de su drama Fuego y noche (v.). Conservando el ambiente de la época histórica, así como los personajes, Rainis cambia apenas el colorido de la trama, pero ahonda más en la pintura de los caracteres y da un nuevo significado, dramático y simbólico, a los elementos de que se sirve para expresar sus ideas. Lachplesis, héroe legendario, histórico o dramático, es en todos los casos el héroe nacional que combate por la libertad de su patria.
Su fuerza reside en su primitivismo todavía no corrompido, cuya manifestación visible son sus orejas de oso. Elegido y destinado a su heroica misión por la voluntad suprema, Lachplesis tiene fe en su propia fuerza y no vacila jamás ante el peligro. Pero sus energías, que en la lucha se agigantan, se debilitan en estado de paz. Aunque se enfrente con un adversario superior en fuerzas y sepa de antemano que deberá perder, su valor no vacila. «Éste es mi destino — dice él mismo en Fuego y noche—; si caigo, caeré solo… Toda la vida del pueblo durante milenios vale mucho más que la breve existencia de un solo héroe…».
Lachplesis, en la vida letona, es el símbolo nacional del heroísmo guerrero; el título de «caballero de Lachplesis» es el galardón con que se premia a los héroes de la patria, y no existe para el combatiente elogio comparable al de ser llamado «valiente como Lachplesis».
M. Rasupe

