La Reina de Saba

[Reina de Šěbā]. Personaje bíblico célebre por la visita que hizo al gran rey Salomón (v.) según se narra en Reyes (v.), III, 10. El tema de ese viaje, que los artistas del Renacimiento gustarán de evocar en todo su esplendor — piénsese en Piero della Francesca — y los comentaristas musulmanes y coptos enri­quecerán con otros rasgos legendarios (v. Kebra Nagast), se enlaza con un hecho histórico seguro: el esplendor del reino de Israel en tiempo de Salomón, o sea hacia el año 1000 antes de nuestra Era. «Ente­rada de la fama de Salomón», la misteriosa reina se encamina a Jerusalén.

Su séquito es fastuoso y sus camellos llevan oro, pie­dras preciosas y aromas en grandes can­tidades. Pero al ver la magnificencia de Salomón, la reina se confiesa vencida. ¿Po­drá al menos igualarle en el plano espiri­tual? Le formula toda clase de preguntas y le propone mil enigmas, pero, como se comprende, la sabiduría de Salomón triun­fa de todas las pruebas y una vez más la reina debe confesar su admiración. Y después que los dos príncipes han cambiado ricos dones «como conviene a la grandeza real», la reina vuelve a marchar con su séquito, no sin haber exaltado a Yahvé, que puso en el trono de Israel a semejante soberano. Este relato ilustra la afirmación bíblica, quizá más mítica que histórica: «El rey Salomón sobrepasó a todos los re­yes de la tierra en riquezas y sabiduría».

Lo cual no puede tenerse absolutamente por cierto si no se tiene presente que aquel fastuoso soberano fue ante todo un testigo de Dios, un profeta, un primogénito de Cristo. En cuanto a la reina de Saba, pue­de añadirse, como curiosidad, que algunos autores han pretendido identificar su reino con el país de Šěbā, en el sur de Arabia, donde se descubrieron majestuosos restos de una civilización muy original, y donde todavía hoy se ven verdaderos rascacielos elevados en pleno desierto. Así, la fastuosa visitante hubiera llegado de Hadramut. Aho­ra bien, unos trescientos años antes había reinado gloriosamente en Egipto la reina Hatshepsut y llegó a establecer relaciones comerciales con un «país de Pount», que parece ser el Hadramut. La imagen de Hatshepsut, la misma que construyó los templos de Deir al-Bahri, ¿habrá acaso da­do lugar a la figura de la poética reina de Saba?

H. Daniel-Rops