Personaje del Decameron (v.), jornada II, novela 7. Es una especie de Elena (v.) sarracena, de incomparable belleza, por la cual se encienden amores y pasiones, se cometen crímenes y se declaran guerras y que, no por su voluntad pero sin demasiada repugnancia, pasa de los brazos de un hombre a los de otro en un perpetuo juego del azar que parece estar unido a la belleza que le tocó en suerte.
Enviada por su padre, sultán de Babilonia (de Egipto), a casarse con el rey de Garbo (en Marruecos) y llevada por una tempestad marítima a tierras cristianas, Alatiel, que así se llama, puede al fin, tras muchas aventuras y desventuras que no disminuyen en un ápice su belleza, reunirse con su prometido que, ignorante de todo, la acoge con gran regocijo y se casa con ella. «Y por ello se dijo — concluye Boccaccio — ‘boca besada no pierde ventura, antes se renueva como hace la luna’», malicioso colofón del largo relato, todo él sostenido en un ambiguo tono entre serio y sonriente.
M. Fubini

