Klingsor

Personaje del Parzival (v. Perceval), de Wolfram von Eschenbach (c. 1170-1220) y del drama musical Parsifal (v.) de Wagner, enemigo por antono­masia del Graal y el que hirió a Anfortas (v.).

Su figura, que en estas obras encama el espíritu del mal, se halla ya bajo el nombre de Klinschor en la Competición de los cantores en la Wartburg (v.), donde aparece como maestro de Enrique de Ofterdingen (v.) y adversario de Wolfram. La leyenda le hace predecir el nacimiento de Santa Isabel. En el poema de Wolfram, le encontramos como duque de Capua en Tie­rra de Labor y nieto del mago Virgilio.

Después de perder su virilidad en una aventura desdichada, se entrega por des­pecho a la magia, gracias a la cual cons­truye Schastelmarveille (castillo de mara­villa). Allí, gracias a los hechizos de be­llísimas mujeres, atrae y hace prisioneros a los caballeros cristianos. En el drama wagneriano, Klingsor se ha hecho mago después de haberse mutilado voluntaria­mente para vencer la lujuria y, valiéndose- de mujeres de maravillosa hermosura para llevar a término sus diabólicos planes, in­tenta perder a los caballeros del Graal: Kundry (v.), que al final será redimida por Parsifal (v.), es la más seductora de aquéllas.

El castillo de Klingsor, construido en el mismo monte que el del Graal pero en las laderas opuestas, como demoníaco lugar de delicias y de seducciones, está des­tinado a desvanecerse ante la primera se­ñal de la cruz trazada por Parsifal. Kling­sor es, según las distintas interpretaciones, el prototipo de la perversidad que fatal­mente debe sucumbir, incapaz de amor, elemento pagano triunfante sólo mientras no lo destruya la fe cristiana, más fuerte que todos sus sortilegios.

Cuando intenta seducir a Parsifal, la inefable pureza de este joven héroe no sólo le vence sino que le aniquila: la lanza que Klingsor arroja contra él queda suspendida en el aire y cuando con ella Parsifal traza la señal de la cruz todo se derrumba y perece e in­cluso las flores, que pertenecen a un jardín de brujería, se marchitan en un instante.

G. Manacorda