En Ana Karénina (v.), de León Tolstoi (Lev Nikolaevič Tolstoj, 1828-1910), la graciosa figura de Kitty se opone al personaje de Ana Karénina (v.), en la misma forma con que Levin (v.), su marido, se opone a Vronski (v.): Kitty representa pues los valores elementales y naturales de la mujer, frente a una femineidad que a fuerza de inteligencia y de refinamiento emotivo y sensual ha llegado a ser morbosa.
Pero, mientras Levin tiene que conquistar fatigosamente su elementalidad, logrando la síntesis a través del análisis, Kitty la posee por instinto, en forma tal que puede servir de modelo de inconsciente guía a su marido. A pesar de todo, también Kitty debe recorrer su ciclo: de muchacha, según la vemos en las primeras páginas de la novela, se enamora primero de Vronski, el apuesto capitán fatalmente idealizado por su ingenuidad de adolescente y, una vez perdida toda esperanza por ese lado y cuando nos parece que va a caer enferma y a precipitarse por la pendiente que antes de ella recorrieron tantas heroínas románticas, recobra las fuerzas, comprende que su ensueño valía infinitamente menos que la realidad que se le ofrece, y sabe hallar en la atormentada figura de Levin las más consistentes posibilidades de la vida adulta.
Lo mismo que Levin, Kitty se inicia así en una existencia común cuyo hechizo siente cada vez más hasta erigirla, entre los complejos destinos de las figuras que la rodean, en la única vida auténticamente excepcional. Como personaje, Kitty desempeña un importante papel: el de romper con la tradición del amor heroico, que tantas víctimas había dejado tras sí, para consolidar la del amor adulto. La primera era de concepción femenina y virginal y quedaba al margen de la realidad de la vida, imponiéndose como ideal extremo frente al cual las experiencias ulteriores sólo representaban un valor negativo; era, en una palabra, la expresión de una fantasía que nunca lograba rebasar los veinte años. Kitty, en cambio, se somete conscientemente al hombre, que a costa de su esfuerzo logra alcanzar aquellas verdades que en ella son instintivas y respeta su amor: gracias a ello podrá envejecer serenamente.
U. Déttore

