Juana de Arco

Casi dos siglos más tarde, la pensativa y casta Juana de Arco de Anatole France (1844-1924), aunque de un modo completa­mente distinto, habrá de desempeñar en la historia literaria de la heroína un papel paralelo al de la «Doncella» volteriana (Vi­da de Juana de Arco, v. Juana de Arco).

Una y otra se proponen demoler piedra por piedra el edificio de la santidad de Jua­na de Arco, que tanto a los ojos de Voltaire como a los de France parece de­masiado artificiosa; por ello uno y otro transfieren al plano humano los aconteci­mientos celestiales, o de origen celeste, en cuyo centro está Juana; pero la ambigua aunque rústica Juana de Anatole France no prescinde de la historia, sino que se apoya en ella, de tal modo que, en el plano humano, lo extraordinario y maravilloso de su vida y de sus palabras se conserva in­tacto e inatacable, y la intervención de Dios no es más que una cuestión de fe, o mejor de ortodoxia religiosa, que no le interesa a ella sino a nosotros.

Habrá que llegar a Charles Péguy y a las distintas redacciones de su Juana de Arco para ha­llar de nuevo un aura mística alrededor de la heroína.

V. Guzzi