Juana de Arco

Para Bernard Shaw (1856-1950) la Don­cella, en Saint Joan, es la primera mártir protestante y uno de los primeros apóstoles del nacionalismo, además de ser una pre­cursora del realismo bélico de Napoleón y de una manera racional de vestirse las mujeres; y sus visiones y sus voces no son milagros, sino el fruto de una peculiar disposición de su mente, que la ayudaba a visualizar sus intuiciones.

En el drama de Bernard Shaw, Juana está predestinada a su misión desde el momento de su naci­miento; ya en la niñez le gusta jugar a la guerra con sus hermanos, y en su adoles­cencia afirma ser un soldado y como a tal quiere que se la considere. La misión de que se siente investida se le aparece como una orden militar que hay que ejecutar a toda costa; no dice frases místicas y habla muy poco y con desgana de sus contactos con el mundo divino, que por otra parte se reducen en su mayoría a órdenes de lo alto.

Liberada Francia, Juana vuelve a convertirse en campesina de una sencillez desconfiada pero humilde ante el imponen­te aparato de la curia eclesiástica, y salvar la vida por medio de una retractación le parece por un momento un fácil y cómodo recurso. Pero al descubrir que la condena­rán a cárcel perpetua considera que la han engañado y prefiere morir en la hoguera.

S. Baldi