Juan Vockerat

[Johann VockeratJ. Héroe de Almas solitarias (v.) de G. Hauptmann (1862-1946). Alumno de Haeckel, ad­mirador de Darwin y atento a los problemas sociales, Juan Vockerat siente poco a poco cómo se forma el vacío a su alrededor, en el mezquino ambiente de un pueblo de la provincia de Berlín, donde no han penetra­do todavía las ideas que parecían nuevas y revolucionarias a fines del siglo pasado.

Su figura destaca por encima de la de su familia rígidamente protestante, y precisa­mente el ambiente familiar, con su incom­prensión, hace madurar lentamente la tra­gedia. Además de sus padres, Juan Vocke­rat tiene una esposa, que le quiere sincera­mente, y un niño de pocos meses. Pero no se siente satisfecho; aunque ama y aprecia a su mujer, quisiera encontrar en ella una mayor comprensión, apoyo y  sobre todo una total coincidencia de opinión en aque­lla lucha que ha emprendido con su viejo mundo en favor de las ideas nuevas.

En el fondo, Vockerat es un débil y un ingenuo: cuando por casualidad conoce a otra mujer — y la gran diferencia entre ésta y la suya procede del hecho de que, caso insólito en aquella época, frecuenta la universidad — que no sólo le comprende, sino que le es­timula y sostiene, anhela tenerla por amiga, en el mejor sentido de la palabra, sin darse cuenta del peligro que se encierra en tal frecuentación. Pero tiene que pagar su pe­cado antes de cometerlo: un tribunal hu­mano que él, a pesar de su desdén, no puede dejar de tener en cuenta, le declara «presa del demonio».

Por ello, viendo ce­rrados los caminos de una posible «reden­ción», se deja llevar por la desesperación a la única salida que ésta le brinda: el sui­cidio. Se ha observado que Juan Vockerat no es un personaje de talla heroica, y exaltarlo en este sentido equivale a no com­prenderlo. La vida de esta figura consiste precisamente en su debilidad, en su incertidumbre y en su incapacidad de dominar con ánimo varonil una situación grave.

R. Paoli