Jorge Webber

[George Webber]. Pro­tagonista de las dos novelas póstumas de Thomas C. Wolfe (1900-1938): La tela y la roca (v.) y No se puede volver a casa. A igual que Eugenio Gant (v.), el héroe de El tiempo y el río (v.), es un reflejo de la personalidad del autor.

Es natural que Wolfe escoja como protagonistas de sus novelas a personajes muy parecidos a él si se tiene en cuenta que había escrito: «Creo que toda creación seria tiene que ser, en el fondo, autobiográfica, y que un hombre debe emplear el material y la ex­periencia de su propia vida». George, como Eugene Gant, ha nacido en Oíd Catawba, nombre bajo el cual se esconde Carolina del Norte; alrededor de él el autor cons­truye las dos novelas que, como confiesa el mismo Wolfe, relatan el descubrimiento de la vida y del mundo por un hombre. Lo primero que hallamos en Webber es su re­acción contra la sociedad de que forma parte; el mundo que le rodea no le satis­face, por el contrario le resulta desagra­dable.

Criado en el campo, junto a unos tíos suyos, alienta una gran admiración hacia su padre, que abandonó el hogar para unirse a otra mujer. Ya en estos pri­meros años es un solitario que encuentra su único amigo en la naturaleza; apaciguar esta soledad será la tarea que llenará toda su vida. El paso por la Universidad, en la que conoce el amor y la bebida, la estancia en Nueva York y el viaje por Europa, una vez acabados los estudios, no llenan su vacío interior. A su regreso de Europa co­noce en el barco a una joven, Esther Jack, en la que le parece descubrir la esperada alma hermana que crea en él y lo aliente y ayude.

De esta forma se pone en contacto con lo que ha de ser el núcleo central de toda su vida: la gran experiencia del amor. Pero tampoco aquí logrará hallar la rea­lidad que lo satisfaga. Al separarse de Esther y volver a Europa comprenderá que algo muy fuerte los unía, pero no regre­sará a Nueva York, sino que se paseará por el Viejo Continente, arrastrando el senti­miento de culpabilidad que ha pesado siem­pre sobre toda su vida y al que se ha enfrentado su sed insaciable de algo superior: «Perder la tierra que conoces, por un co­nocimiento mayor; perder la vida que tie­nes, por una vida más grande; dejar los amigos que amas, por un amor más grande; hallar un país más amable que la patria, más grande que la tierra».