Jeanne Dessalle

Personaje que apa­rece en tres novelas de Antonio Fogazzaro (1842-1911). Protagonista en la obra Peque­ño mundo moderno (v.), sigue teniendo un papel preponderante en El santo (v.) y aparece sólo fugazmente, como mujer misteriosamente velada de quien se habla a media voz, sin que se llegue a precisar su nombre, en Leila (v.), en la escena de la inhumación del cadáver de Benedetto (v. Pedro Maironi) en el cementerio de Oria junto al lago de Lugano.

Jeanne Dessalle, a quien Pedro Maironi conoce durante un viaje en ferrocarril, ejerce sobre aquél una irresistible tentación antes y después de su nuevo _ encuentro, o sea durante todo el Pequeño mundo moderno y El santo. Es, entre las mujeres creadas por Fogazzaro, la más imperiosamente atractiva: dotada de las más irresistibles seducciones físicas, aunque corporalmente pura por instintivo recato, es capaz de perder súbitamente la cabeza bajo la embriaguez de los besos y las caricias, hasta el punto de parecer ca­prichosa y arisca como la primera de las heroínas del autor, la Marina (v.) de Malombra (v.). «No sé si es frialdad de ca­rácter, orgullo, consecuencia, de la horrible impresión que me produjo mi marido o tal vez, quién sabe, por sentido estético o por todo ello junto.

Pero sé que la sola idea de la sensualidad llevada a su extremo me inspira una inmensa repugnancia». Tal es su confesión. Criatura perturbadora, en una y otra novela mantiene a Pedro en constan­te inquietud: en el atropello de que aquél la hace objeto sin lograr que ella se entre­gue (Pequeño mundo moderno), y en la in­capacidad a la total renuncia por parte de ambos, obsesionados por el espejismo de los sentidos, y en el esfuerzo de ayudarse mutuamente a encontrar la paz en una libe­ración espiritual (El santo).

Semejante si­tuación aparece invertida en una novela de Giuseppe Brunati, Quaresimale, manifiesta­mente sugerida por El santo, y en la que la liberación llega a través de los sentidos y del pecado. Fogazzaro no ocultó jamás haber dado a Jeanne Dessalle los rasgos fí­sicos, el gusto, la elegancia y ciertos as­pectos espirituales — como el intelectualismo y el escepticismo religioso — de una dama de Padua, Iole Moschini Biaggini, que inspiró también el poema lírico del mismo autor, En el cementerio de Padua (En memoria de I. M. B.), que se publicó el mismo año que El santo y que provocó habladurías e incluso cierto escándalo.

P. Nardi