Jacobo Arnoux

[Jacques Arnoux]. Personaje de La educación sentimental (v.), de Gustave Flaubert (1821-1880). Como es­poso de María Arnoux (v.), aparece inter­puesto, en toda la novela, entre ella y Federico Moreau (v.), cual un eterno obs­táculo a su gran pasión insatisfecha.

Pro­pietario, en París, de un negocio de cua­dros y objetos artísticos, y editor de un periódico, ambas cosas puestas bajo la de­nominación común de «Arte industrial», Arnoux reúne alrededor de su comercio a maestros y aficionados, hombres de valor y holgazanes, y consigue influir notable­mente sobre el mercado y el gusto; hombre de palabra abundante y fácil, sabe arre­glárselas para enredar a la vez a los ar­tistas y al público. Por otra parte, como hombre de mundo, se complace en tener amantes, cual Rosannette (v.), y en diver­tirse con ellas en los lugares más concurri­dos de la urbe, sin que, por ello, deje de amar tiernamente, a su manera, a su bella esposa.

Su actitud respecto de Federico se muestra súbitamente ambigua; percatado de la pasión nacida en el joven, pero confiando en su timidez, decide aprovecharla en be­neficio propio, singularmente cuando Fede­rico hereda de su tío una importante for­tuna. No carece, sin embargo, de rasgos simpáticos y generosos; así, por ejemplo, cuando dice mimos a su hijo en su nativo dialecto marsellés, o cuando se arroja en medio del duelo ya iniciado entre Federico y el vizconde Cisy, del que temía haber sido causa.

Transcurrido el período del co­mercio artístico, Arnoux se convierte en fa­bricante y negociante de mayólicas, aun cuando conserve el mismo entusiasmo algo visionario; pero, en realidad, estas nuevas ocupaciones no marchan bien; sus mismos embrollos se vuelven contra él, y a duras penas puede salvarle de una crítica situa­ción la ayuda que pide a Federico. Ingresa entonces en una compañía explotadora del caolín de Bretaña, pero ello no le da me­jores resultados. Guardia nacional en la época de la revolución que instauró la se­gunda República, ruega a Federico que le sustituya, para poder pasar una noche con Rosannette, que ahora convive ya con el joven; pero, súbitamente arrepentido, vuel­ve al puesto de guardia, donde éste se en­contraba.

Tal episodio compendia la figura de Arnoux, siempre oscilando entre un vul­gar enredo y un carácter bonachón y afec­tuoso. Vendida la fábrica de mayólicas y enajenadas sus tierras, la situación de Ar­noux se ve, posteriormente, agravada. En vano piensa en nuevas empresas extraor­dinarias con las que aprovechar las ven­tajas que ofrece el momento político. Sólo consigue establecer un negocio de objetos religiosos, «A las artes góticas»; en el in­terior de esta miserable tienda, Federico, sin ser visto, le contempla por última vez, demasiado envejecido para los afanes de la vida tumultuosa. Poco después, una sen­tencia judicial le obliga a salir de Francia. Más tarde, se instalará, con su familia, en un pueblo de Bretaña, para vivir y morir allí en la oscuridad.

B. Dal Fabbro