Ion

Protagonista de la novela rumana de su mismo nombre, de Liviu Rebreanu (1885-1944). Es el campesino dominado por el amor a la tierra, que sofoca en él todo otro sentimiento, haciéndolo violento y amoral.

Ion no ama la tierra por la riqueza que representa, sino porque de su propie­dad emana un placer casi sensual, como si, identificándose con el terruño, se sintiese multiplicado en su esencia vital. Como po­seído por el demonio, pega a su padre, cuando éste, holgazán y vicioso, ha vendido los miserables campos de cuyas cosechas vivía; engaña y maltrata a una débil mu­jer enamorada de él y con la que se ha casado sólo para obtener en dote abun­dantes tierras; y se preocupa de la vida de su hijo sólo en cuanto representa el me­dio para conservar la propiedad.

Hay en él todos los rasgos del hombre primitivo, pero de un primitivismo muy distinto del idea­lizado por los románticos: su instinto es un instinto salvaje que, al explotar, lo tras­torna todo con ciego heroísmo. Su drama consiste precisamente en que lleva dentro de sí esta fuerza oscura que no logra do­minar y de la que ni siquiera es cons­ciente. Sólo cuando la posesión de la tierra calma su frenesí, se despierta poderosa­mente en él la voz del amor, no menos pri­mordial e instintivo que su anterior afán.

El hecho de que la mujer a quien desea haya sido abandonada por él mismo a causa de su pobreza y ahora pertenezca a otro, no constituye obstáculo para él, ya que está habituado a no dominar ninguno de sus impulsos. La figura del campesino en quien el elemental amor por la tierra se revela como un instinto imperioso se halla en otras literaturas, desde los feroces personajes de La tierra (v.) de Zola hasta el Maese don Gesualdo (v.) de Verga, aunque su versión rumana ofrece un aspecto característico de­rivado de la peculiaridad de su ambiente.

G. Lupi