Originariamente era el dios- halcón de la ciudad de Nehen, la actual Kôm el-ahmar, en el Alto Egipto, particularmente venerado por los primeros monarcas locales, los Šemśewew-Hôr («seguidores de Horus»), cuyo gobierno sobre Egipto, al decir del Papiro de los Reyes (v.), duró más de 13.420 años.
En los bajos relieves de asunto histórico conmemorativo, Horus fue representado en el acto de ofrecer prisioneros al rey vencedor. Su ideograma (el halcón) acompañaba los nombres de los dioses y de los soberanos en las inscripciones jeroglíficas. Según una antigua interpretación, Horus fue también una divinidad solar de la ciudad de Heliópolis; el cielo, entendido como habitación del dios-Sol, fue personificado por la diosa Hathór (v.), cuyo nombre significa literalmente «casa de Horus». Al consolidarse un nuevo dios-Sol heliopolitano, Ríe (v.), Horus acabó siendo absorbido por éste. En el mito de Osiris, Horus fue incorporado en calidad de hijo póstumo de Osiris (v.) a quien Isis (v.) tuvo que criar entre las marismas de la ciudad de Quemmis, en el Delta, para ocultar su existencia al dios Séth.
Una vez adulto, Horus vengó la muerte de su padre e inició a Séth un juicio que duró más de ochenta años. Horus fue representado en figura de halcón o con una cabeza de halcón sobre un cuerpo humano. El pueblo le rindió culto bajo otras numerosas formas, entre las cuales citaremos, como más difundidas en el país, las de Harendotes («Horus vengador de su padre»), Harsiesis («Horus hijo de Isis»), Harzemtówe («Horus que reúne a los dos países», esto es, el Alto y el Bajo Egipto), y Harueris («Horus el grande»). En la baja época fue común la imagen del dios en atuendo militar (Horus guerrero), o bien montado sobre un ganso, un elefante o un caballo, en el acto de atravesar con su lanza un cocodrilo, o bien posado sobre una flor de loto.
En los Textos de las Pirámides (v.) se alude a su infancia con la graciosa imagen de «Horus pequeño, con sandalias blancas» que se mete «el dedo en la boca»; la imagen del dios infante, o «Harpócrates», para repetir la denominación egipcia, transmitida hasta nosotros por los griegos, lleva un rizo de cabellos al lado derecho y el dedo en la boca y gozó de extraordinaria simpatía entre los creyentes de épocas tardías, que interpretaron su gesto como una invitación al silencio. En la época helenisticorromana, a la antiquísima concepción de divinidad solar y de copartícipe del mito osiriano se añadieron las más extrañas asimilaciones a distintas divinidades griegas.
Los mitógrafos atribuyeron a Horus maravillosas hazañas y empresas fantásticas, siempre victoriosamente superadas. Algunos aspectos de la nueva personalidad del dios favorecieron ante las multitudes la identificación de Horus con Apolo y con Eros.
E. Scamuzzi

