[Horatio Alger]. Escritor y pastor protestante americano (1834- 1899), cuyo nombre acabó por significar un tipo de héroe juvenil creado por él, entre 1867 y el año de su muerte, en unas ciento treinta novelas populares para muchachos. Alguno de esos libros, que alcanzaron una tirada superior a los veinte millones de ejemplares, se leían todavía cien años después del nacimiento del autor.
El héroe puede indistintamente llamarse «Dick, el andrajoso», o «Tom, el desarrapado», o «Ted, el pordiosero»; comienza en la miseria, como limpiabotas o simplemente como huérfano hambriento, y acaba rodeado de riquezas: atraviesa la distancia entre uno y otro estado gracias a la fe, la esperanza, la caridad, el valor, la caballerosidad, la prudencia, la honradez, la castidad, la templanza, el patriotismo, la iniciativa, la ambición, la laboriosidad, la fuerza de voluntad, el afán de perfeccionarse y la fe en la empresa privada: es, en una palabra, un catálogo de las convencionales «virtudes» americanas. En un momento anterior de la historia americana, este «Pilgrim’s Progress» desde la pobreza ignominiosa hasta una bendecida riqueza gracias a la virtud, hubiera podido tener la fantástica realidad que corresponde a un sistema en el cual los acontecimientos de la vida humana se «ven» realmente. (De este sistema, característico del puritanismo americano que dominó la educación del autor, pueden hallarse vestigios incluso en el Silas Lapham, v., de Howells).
Su falsedad fantástica, en Alger, deriva de un esfuerzo voluntario por «ver», en un sistema que sólo sobrevive como catálogo de convenciones. Es probable que, para el lector moderno, Alger resulte de una inquietante absurdidad cómica, como un hombre que intentara sacar agua de un pozo con un cedazo; por ello mismo se ha convertido en la presa de aficionados nostálgicos que buscan alimento a la complacencia en el pintoresco y humilde pasado del país. Mas para los lectores de su época Alger representó, con razón, mucho más que un mero personaje de novela. Su tiempo fue un período de desplazamientos en masa: de la miseria a la riqueza, de un tugurio de Nueva York a una mina de plata en el Colorado, de una alquería siciliana a un banco en California.
Alger sugiere que los accidentales términos de esas peregrinaciones de nómadas — en la geografía, en la sociedad o en las finanzas — son en rigor los puntos terminales de una coherente figura del discurso, del pensamiento, del sentimiento o de la acción, y que entre ellos existe algún tradicional vínculo humano: las fórmulas de composición dramática creadas por la fantasía humana, la fuerza de la voluntad humana, la grandeza del espíritu humano y la dignidad del nómada como individuo. El héroe «progresa» o «surge» desde su punto de partida hasta su fin; su riqueza es un «resultado» de su esfuerzo; su felicidad una «consecuencia» de su rectitud moral; su fama una «recompensa» de su virtud; si llega a ser rico, feliz y famoso, es precisamente a «causa» de todo ello. El héroe Alger es la personificación del esfuerzo por atribuir a los acontecimientos de la vida humana de América una forma y un significado tradicionales.
En las novelas de Theodoro Dreiser (1871-1945), que siguen inmediatamente a las de Alger, los movimientos de los personajes de un extremo a otro de la geografía, de la sociedad o de la riqueza — es decir, de sus propias vidas — están representados en fórmulas dramáticas tradicionales que, aunque más grandiosas, no les son menos extrañas que las de Alger (v. Hermana Carrie): están «explicados» por impersonales «Fuerzas» inexplicables (v. Clyde Griffiths). En las novelas de Dos Passos (n. 1896) desaparecen a la vez las fórmulas dramáticas y las Fuerzas. Los personajes — nómadas sin identidad — definen, en su constante lucha de cabo a cabo en la superficie del caos, movimientos sin continuidad, ni coherencia, ni dirección, ni significado, ni forma.
S. Geist

