Personajes de una bella y célebre historia de amor, posiblemente de origen alejandrino. Ignorada por la literatura clásica griega, se halla por primera vez en los poetas latinos del tiempo de Virgilio.
Ovidio desarrolló por dos veces el tema de este amor en sus Heroidas (v.), en forma epistolar, la más apropiada para exponer en un tono puramente lírico los aspectos íntimos de la pasión romántica. Se imagina en la primera carta que Leandro, joven de Abidos, no ha podido atravesar a nado, como de costumbre, el Helesponto, debido a una tempestad, por cuyo motivo escribe un apasionado mensaje a Hero, sacerdotisa de Afrodita en Sestos, al otro lado del estrecho. El tema de la separación forzosa da lugar a motivos de dolorosa nostalgia: «Sentado sobre una roca contemplo con tristeza tus orillas y mi alma vuela hacia donde el cuerpo no puede correr».
Mientras tanto, la tempestad acompaña con su furia desatada la íntima turbación en que se halla sumido el solitario Leandro. Aparece rememorado entonces el primer encuentro, en el que Leandro, llegado a la orilla opuesta gracias a la luna, había sido guiado mediante la luz encendida por Hero. Luego se reanuda el lamento acerca de su infelicidad, a merced de los vientos, barrera insuperable en un espacio tan breve: «Sólo cuando las olas lo quieren puedo abrazarte; el tiempo invernal me es siempre adverso. Nada hay más inconstante que el viento y las olas; así, pues, ¿siempre va a estar a merced de ellos mi esperanza?» A esta carta sigue la de Hero a Leandro, más apasionada y dolorosa aún por cuanto Hero, a quien, como mujer y sacerdotisa, toda actuación es imposible, no conoce más vida que la del amor y pasa sus días aguardando y vigilando la llegada de Leandro.
Ahora, su visita frustrada suscita nuevamente en Hero el temor de ser abandonada o de verse menos amada que antes: « ¡Todo me hace temer! ¿Quién ha amado nunca sin temor?» Como en la otra carta, también aquí se agitan a favor del ritmo ilógico de la pasión los diversos y opuestos pensamientos: confianza afectuosa y celos, continuadas lamentaciones y temor a los peligros. El estilo de Ovidio pone de manifiesto la sinceridad de estos impulsos afectivos, inspirados en la sensibilidad propia de la sociedad romana de la que el poeta formaba parte. Las Heroidas de Ovidio trasladan los héroes de la literatura clásica griega hasta la enrarecida atmósfera de la mera vida sentimental.
No hay aquí otra unidad que la vida amorosa que todos viven; sobre este único motivo, Ovidio alcanza a construir una ilimitada multiplicidad de variaciones que, gradualmente, van desarrollándose y dando lugar a una trama de convincentes relaciones en ese mundo, en el fondo irreal, cuya única ley es la del amor. Muchos otros poetas latinos rememoraron la leyenda de Hero y Leandro, muy grata a los romanos, y Museo el Gramático, poeta épico griego no muy bien conocido que vivió probablemente hacia el siglo V d. de C., volvió a narrarla más tarde íntegramente.
Se trata del relato del amor de ambos y sus entrevistas; Hero, con una lámpara, guiaba a Leandro en la travesía del Helesponto, hasta que una tempestad apagó la luz y hundió al joven. Las olas devolvieron su cuerpo a Hero, que se quitó la vida para unirse a Leandro después de la muerte. Esta pequeña joya helenística, de un bello romanticismo y sin estridencias de estilo, fue siempre grata a los poetas.
F. Codino

