Harry Bailly

Nombre del dueño de la hostería del Tabardo (Tabard Inn) en los Cuentos de Canterbury (v.), de Geoffrey Chaucer (1340/45-1400).

Este tipo de burgués campechano y vividor, que sugie­re a los peregrinos reunidos en su mesón la idea de relatarse cuentos unos a otros y de ofrecer luego una cena al mejor na­rrador, parece haber realmente existido: había en efecto en Southwark, sector de Londres donde se hallaba aquella hostería, entre 1380 y 1381 un mesonero llamado Henry Baylliff. En él puede verse la per­fecta expresión de la alegría burguesa me­dieval en Inglaterra.

El poeta nos lo des­cribe en el prólogo (751 y sigs.) como hom­bre gordo, de ojos saltones, de palabra decidida y buen consejo, activo, alegre, pero también, según el gusto de la época, aficionado a relatos que hoy nos parecen aburridos, ya que le vemos entusiasmarse por una de las más descoloridas historietas de Chaucer, la «Historia de Melibeo», larga y enojosa disputa entre Melibeo y su mujer Prudencia acerca de la mejor manera de tratar a los enemigos que nos han ofendido gravemente. (Esta narración tiene por fuen­te el Líber Consolationis et Consilii, de Albertano de Brescia).

Harry se lamenta de que su propia esposa Godelier sea tan dis­tinta de doña Prudencia y le incite a pro­ceder violentamente contra quienes la han ofendido. Su risueño sentido común se ma­nifiesta cuando, imaginando que el Monje, aficionado a la caza, es hombre alegre y jaranero como él, le dirige la palabra en tono familiar, hasta el punto de terminar su discurso afirmándole que si fuese Papa, no pondría obstáculos a que un hombre tan vigoroso como el Monje engendrara su­cesión. El Monje, empero, no hace caso de tales observaciones, y rehúye sus fami­liaridades narrando a continuación una se­rie de aventuras ocurridas a personajes ilustres.

M. Praz