Gudrun

[Kudrun]. Es la protagonista del cantar alemán de principios del si­glo XIII, que lleva su nombre (v. Gudrun) y puede incluirse en la serie de las mu­jeres raptadas por sus enamorados.

Hija de Hetel y de Hilde (v.) es celosamente guar­dada por su padre, que la niega a todos sus pretendientes, excepto, finalmente, a Herwig; pero es raptada por Hartmut, el normando, y llevada a Normandía, donde durante trece años permanece obligada a los más duros trabajos y es tratada peor que la más miserable de las siervas. Un día, mientras está lavando la ropa en el agua helada del mar, llegan su prometido y su hermano y después de reconocerse, no sin la mutua sorpresa que es de suponer, deciden que al día siguiente tomarán su desquite en una batalla, mientras Gudrun hace saber a su raptor que finalmente está dispuesta a casarse.

Después de un encar­nizado combate, todo termina con la rea­lización del sueño de amor de los prome­tidos, y con otros dos matrimonios: Gu­drun se casa con Herwig, Hartmut con Hildburg y Ortwin, el hermano de Gudrun, con Ortrun. El anónimo autor de la historia de Gudrun, inspirándose en una balada o en una breve epopeya entonces en boga y hoy designada con el nombre de «Südeli», creó un personaje comparable a la Crimilda (v.) de Los Nibelungos (v.) o la Gudrun de los Edda (v.). Pero en lugar de los trece años de viudez alimentados por el oculto pensamiento de la venganza, como ocurre con Crimilda, aquí se trata de trece años de pura esclavitud soportada con resigna­ción por Gudrun, animada únicamente por la espera de su prometido que un día u otro llegará a libertarla.

Enriquecen la tra­dición del rapto de la novia, ya manifes­tada en las narraciones relativas a Hilde, algunos motivos de origen fabuloso, como el de la princesa convertida en esclava, el de la vieja que se comporta como una tí­pica suegra, atormentando a la joven rap­tada que se niega a casarse con su hijo, o el del hermano y el prometido que en­cuentran y liberan a la hermana y prome­tida a quien en otro tiempo perdieran. Así el poeta creó una Gudrun adecuada a la mentalidad de su época, tan aficionada a las aventuras caballerescas: una figura pu­ramente ideal y, si se quiere, un poco abstracta. Entre los muchos dramas ale­manes del siglo XIX que tienen por título y protagonista a Gudrun (Gervinus, 1836; Strauss-Torney, 1855; Schopf, 1858; Butenberg, 1862; Wessendonck, 1868, etc.) no hay ninguno que haya logrado con su arte hacer resucitar a esta figura poética feme­nina característica de la Edad Media caballeresca.

L. Lun