[Gōg y Māgōg]. Gog, príncipe de Mechec y Tubal, y la tierra de Magog surgen de las profecías de Ezequiel (v.), del Apocalipsis (v.) y del Corán (v.) como una maraña de reyes, pueblos y países en el diabólico horizonte del último día, en un papel análogo al de Nemrod (v.), para los días primeros.
La profecía se multiplica y prolonga en las leyendas de una Edad Media que vivía místicamente los Novísimos y se nutría de inmensos pensamientos encarnados en figuras gigantescas. El carácter fundamental y heroico de esos personajes proféticos consiste precisamente en no tener carácter, forma ni voz: son como masas impulsadas por las supremas potencias, Dios y Satanás (v. Diablo), contra los espíritus y filiaciones absolutas de aquel Oriente de donde proceden todo bien y todo mal, todo misterio y toda verdad.
Gog y Magog están encerrados en la cumbre de las montañas de Oriente por una muralla de bronce fabricada por el príncipe de la inteligencia griega, Alejandro Magno (v.). Pero cuando se aproxime el Juicio, Gog y Magog tocarán las trompetas, y se precipitarán desde lo alto de aquella muralla, empujados hacia Occidente por la mano de Dios, y tras ellos vendrá una nube de pueblos como arenas, caballos y espadas etíopes, contra «la ciudad prometida, la tierra de los santos y los montes siempre destruidos de Israel».
Hasta que los devore el fuego de Dios, cuando temblarán los peces, las aves y los hombres, «y sabrán que yo soy Yahvé». El sentido de esas imágenes ilumina parcialmente el problema del mal explícitamente desarrollado en el libro de Job (v.) y en numerosos salmos: el mal es un instrumento de la gloria divina. Pero con ellos entronca una realidad mucho más misteriosa y aterrorizadora, porque Gog y su pueblo diabólico sin personas son el mal del último día, cuando todas las cosas habrán perdido su forma e incluso la bestialidad amenazará a los santos en un clima de milagro funesto, en una balanza que oscilará entre el fuego del infierno y el fuego de Dios. Entre ellos se mueven las catervas de Gog y Magog, como la piara de cerdos poseídos por el demonio, Legión entre las tumbas de Gerasa en el Nuevo Testamento (v. Biblia).
P. De Benedetti

