Goetz de Berlichingen

Capitán mercenario que vivió entre 1480 y 1562, sir­vió con diversa fortuna a distintos prínci­pes alemanes, y hacia el final de su ca­rrera estuvo a sueldo de Carlos V, primero contra los turcos y luego contra los fran­ceses.

Dejó unas memorias, algo apologéti­cas, que no se publicaron hasta 1731. Goethe (1749-1832) las leyó en su juventud y esta lectura le impulsó a hacer de Goetz de Berlichingen el héroe del célebre drama que lleva su nombre (v.>. Si Rousseau situó a su hombre natural fuera de la historia, en una época primitiva y entre los salvajes, Goethe descubrió aquel ideal de bondad y de pureza natural en unos tiempos menos lejanos: en la Edad Media.

Pero ese Goetz europeo, ¿respondía a una realidad? El auténtico Goetz, no menos que los demás turbulentos condotieros de la época, ¿se preocupaba realmente por restablecer la justicia sobre la tierra, o vivía de saqueos y de luchas perpetuas, prolongando día por día una existencia precaria y condenada a desaparecer en cuanto se consolidase un Estado mejor organizado? Ya hemos dicho que él, en sus memorias, se idealizó un poco, y Goethe le sublimó hasta el punto de convertirle en una especie de don Qui­jote, pero sin el menor rasgo de sátira o de ironía.

Después de la denigración de la caballería andante por Cervantes, asistimos a su rehabilitación, en virtud de una tendencia a ver a los caballeros como ellos mismos gustaban de verse, en el espejo de sus poetas. Esa nueva transformación fue iniciada por algunos jóvenes burgueses in­telectuales y revolucionarios, cuyo esfuerzo político se dirigía contra las cortes del si­glo XVIII, y que, pensando que la clase burguesa en que habían nacido no era digna de ser la aristocracia del poder, la disfra­zaron con las apariencias de los caballeros medievales para retratar a unos hombres rectos, rudos y altivos, i Cuántos rasgos burgueses de la vida familiar no traza Goethe en el castillo medieval de Goetz! La esposa es un ama de casa burguesa, que parece el retrato de la madre de Goethe.

Su hermana se asemeja a Cornelia, la her­mana del poeta. El noviazgo, las comidas, todo sería burgués sin el ruido de armas que les sirve de fondo. Goetz guarda estre­cha afinidad con Carlos Moor (v.), el héroe de Los bandidos (v.), de Schiller. Y todos estos personajes están influidos por la at­mósfera turbia e incandescente en medio de la cual estalló la Revolución francesa. La figura de Goetz en su aspecto de «buen ca­ballero» quedó ligada a los escritores románticos,  que lo presentaron no sólo en forma dramática, sino también en relatos, novelas y poesías. Pero a medida que va pasando de uno a otro escritor, el personaje de Goetz se transforma, perdiendo sus ca­racteres de actividad guerrera y tendiendo hacia la piedad católica y hacia una apatía morbosa.

Surge así la nueva estirpe de esos caballeros imaginarios, que se inauguró en la segunda mitad del siglo XVIII para llegar hasta la escuela simbolista de fines del XIX. Es la que hallamos en el conde de Strahl, en Kátchen von Heilbronn (v.), de Kleist, en los héroes de varias poesías del Roman­cero (v.) de Heine, en el Lohengrin (v.) y en el Tristán e Isolda (v.) de Wagner, y en el Pelléas et Mélisande (v.) de Maeterlinck.

F. Lion