Fray Garín

[Fra Garí]. Es el prota­gonista de la leyenda del mismo nombre, difundida desde antiguo en Cataluña y que ha sido tratada literariamente por diferen­tes autores. La leyenda versa sobre un santo varón de Valencia, Juan Garín [Joan. Garí], que a fines del siglo IX hacía peni­tencia’ en las peñas de Montserrat.

El dia­blo, para perderle, entra en el cuerpo de Riquildis o Riquilda, hija de Wifredo el Velloso, el primer conde independiente de Barcelona. Rebelde a todos los exorcismos y plegarias, el mal espíritu manifiesta que para salir del cuerpo de la posesa será necesario que la conduzcan junto al santo ermitaño Garín. Una vez allí, el ermitaño empieza sus oraciones junto al cuerpo en­demoniado de la doncella. Mas para él empieza también una terrible lucha entre su espíritu y su carne. Sucumbe, por fin, a la tentación y para ocultar su pecado, mata a Riquildis y entierra su cuerpo. Co­noce entonces el engaño del diablo y parte hacia Roma para pedir perdón al Papa.

Éste le impone como penitencia volver a su retiro de Montserrat a cuatro patas, como un animal, y vivir así hasta que le llegue el perdón de boca de un niño. Años después los monteros del conde Wifredo cazan en las montañas de Montserrat un raro animal que conducen al palacio de Barcelona. A la condesa le nace un niño y el día del bautizo, para solazarse, hacen en­trar en la sala al hombre-bestia Garín. Y ocurre el milagro: el recién nacido habla de pronto y en nombre de Dios perdona a Garín su pecado. La comitiva condal, guia­da por Garín, sube a Montserrat, y éste les muestra el lugar donde enterró a Ri­quildis. Al apartar la tierra, surge Ri­quildis viva.

En acción de gracias, el con­de funda un cenobio benedictino, del cual será abadesa la hija resucitada. En muchos autores, esta última parte de la leyenda aparece mezclada con la invención de la imagen de la Virgen de Montserrat. Pare­ce ser que hacia el año 1238 existía en Montserrat una representación plástica de la leyenda, pero sin Riquildis, que es una figura incorporada posteriormente a la fá­bula. Pujades, en su Crónica Universal del Principado de Cataluña (v. Crónica de Pu­jades), dice al hablar de este episodio: «Yo seguiré al original y principal autor de ella a quien los más han seguido y pocos lo han nombrado. Es un libro antiquísimo es­crito de mano en pergamino que digna y decentemente se guarda en la casa y cá­mara angelical de Nuestra Señora de Mont­serrat».

Y Pedro Serra y Postius, en su Epítome histórico del portentoso santuario y Real Monasterio de Nuestra Señora de Monserrat (Barcelona, 1747), recoge el dato de la Crónica de la Orden de San Benito, donde se habla del retablo que en 1238 existía en el monasterio representando es­cenas de la leyenda de Fray Garín. Ambos testimonios, el de la representación plás­tica y el texto aducido, nos informan acer­ca de su antigüedad. Diferentes autores han recogido la leyenda, exponiéndola sencilla­mente o queriéndola justificar históricamen­te. En el siglo XVI la leyenda aparece en dos obras castellanas: la de Pedro de Bur­gos, Historia y milagros de Montserrat (Bar­celona, 1514), y en la de Pedro de Medina, Libro de las grandezas y cosas memorables de España (Madrid, 1548).

Aparte de su inclusión en el Flos sanctorum, han tratado especialmente de ella: fray Antonio Vi­cente Doménech: Vida del bienaventurado Fray Juan Garin; Hilario Santos Alonso : Historia de la aparición de Nuestra Señora de Monserrate y los Condes de Barcelona con los sucesos extraños y maravillosos de la infanta Doña Riquildis y el Ermitaño Fray Juan Garin (Murcia, 1772); Juan Pa­blo Font: La vida de Fra Joan Garí. Penitènda que va fer en la montanya de Mont­serrat i de com fou trobada la Santa Imatge (Manresa, 1860); Tarrago Mateos: El ermi­taño de Montserrate (Madrid, 1861); A. Mestres: Garin (Barcelona, 1898); Antonio Bulbena: Historia de Fra Garí, ermita de Mont­serrat (Barcelona, 1822); etc. Quien dio al traste con la historicidad de la leyenda fue Próspero de Bofarull en su famosa obra Los condes de Barcelona vindicados (Bar­celona, 1836).

En 1931, en un trabajo titu­lado Precedentes islámicos de la leyenda de Garin, Ángel González Palencia rela­ciona esta leyenda cristiana con la del mon­je Barśiśa, muy divulgada en la literatura piadosa árabe. Trata ésta del caso del er­mitaño que durante muchos años resiste las tentaciones del diablo, pero que sucum­be ante una mujer qué le traen para que la cure o la libre de algún mal. En las diferentes versiones de la leyenda, el dia­blo interviene de distintas maneras : la doncella es unas veces hija de unos amigos o vecinas, otras hija de un príncipe, etc.; el desenlace es también variable, pero coin­cide en sus líneas esenciales: tras matar a la doncella por consejo del diablo para ocultar su pecado, el cuerpo es descubierto y Barśiśa es castigado.

De esta leyenda se encuentran testimonios desde’ el siglo VIII y hoy día está difundida por todo el mun­do islámico. Debió de circular por la España musulmana y de ella tenemos traducciones castellanas de los siglos XV y XVI bas­tante extensas y pormenorizadas. De la misma manera se divulgó por Francia y dio lugar en la Edad Media al «fabliau» El ermitaño a quien el diablo engañó con un gallo y una gallina. A partir del siglo XVIII, en que se divulga por Europa la literatura oriental, la leyenda de Barśiśa aparece en obras de varios autores europeos, así Addison y G. Lewis. La leyenda quizá tenga origen en la de Santiago el Asceta, y debió extenderse por el mundo cristiano, de donde pasó al islámico, y allí fue ob­jeto de amplio y extenso tratamiento para influir de nuevo en el cristiano. Algunos investigadores, entre ellos el P. Albareda, creen que no es necesaria la procedencia arábiga para explicar la presencia de la leyenda en el mundo cristiano y que ésta proviene de la tradición griega.

La seme­janza entre la leyenda de Garin y la de Barśiśa, aunque no pueda establecerse cómo se verificó el contacto, es realmente extra­ordinaria, especialmente en lo que se re­fiere en la primera parte, y todo parece indicar, por lo menos, la existencia de una fuente común. Entre las obras de ca­rácter literario que tienen como tema la leyenda de fray Garin debemos destacar el poema épico erudito, obra del capitán Cristóbal de Virués, titulada El Monserrate (v.). En él la leyenda se desarrolla como sigue: dos diablos se proponen hacer caer a fray Garin; uno toma, la figura de ermitaño en la Santa Montaña, y otro se dirige al palacio de Barcelona para introducirse en el cuerpo de Riquilda; ésta es conducida junto al anacoreta:’ tiene lugar luego la caída y la muerte* de la doncella.

Garín, arrepentido; se embarca para Roma. Aquí se incluyen una serie de digresiones y de aventuras de luchas contra moros, prisio­nes, etc. Llega a Roma y se confiesa ante el Papa. El resto sigue la pauta de la le­yenda tal como la hemos expuesto al prin­cipio, e incluye también el hallazgo^ de la santa imagen de la Virgen. El Catálogo… de Barrera incluye dos obras teatrales so­bre el tema: Lanini y Villarroel, Perla de Cataluña y peñas de Monserrate, y un anónimo del siglo XVIII titulado El monstruo de Cataluña y las peñas de Monserrate: fray Juan Garín. Pero debía ser en la literatura catalana a partir de la «Renaixenga» donde el tema había de encontrar su mejor ex­presión y había de ser tratado por dos grandes poetas de lengua catalana: Jacint Verdaguer (1845-1902) y Joan Maragall (1860-1911). El primero escribió la Leyenda de Montserrat [Llegenda de Montserrat], poema que fue premiado en el concurso literario de las fiestas del milenario de Montserrat.

El poema de Verdaguer, escri­to, en su mayor parte, en versos eneasíla­bos, es muy parecido en su estructura al de Virués, aunque sin las dilatorias aven­turas del viaje a Roma. En el momento de la victoria del diablo con el asesinato de Riquilda cometido por Garín, irrumpe el arcángel San Miguel, que expulsa al de­monio de la Montaña por novecientos años (aludiendo con esto a la destrucción de Montserrat por los franceses, que es objeto del canto final de la Leyenda). Verdaguer incluye además la de las cuatro barras de sangre, la enseña catalanoaragonesa, que la tradición popular hace provenir del pri­mer conde. El hallazgo de Riquilda coinci­de también en Verdaguer con la invención de la Virgen. La leyenda, tal como la ex­pone Verdaguer, quiere ser la historia es­piritual de los orígenes de Cataluña, y por esto mezcla en la leyenda el episodio de las cuatro barras del escudo de Cataluña. Quien mejor ha sabido interpretar el tema ha sido Joan Maragall en su breve poema titulado Joan Garí.

Al igual que con el tema del Conde Arnau (v.) y del Mal Ca­zador (v. Cazador feroz), Maragall supo in­tuir la grandeza de la leyenda, todo su contenido trágico y psicológico, pero sim­bólico a la vez. Joan Garí para Maragall es el hombre redimido del pecado por la inocencia. Por eso Maragall prescinde de los detalles arguméntales y nos presenta sólo los momentos culminantes de la le­yenda. Para él es una leyenda que ha bro­tado de la tierra («A la muntanya miraele, / una llegenda ha florit» [«En la mon­taña-milagro, / una leyenda ha florecido»]), cargada con todo el .misterio latente que poseen las tradiciones más profundamente arraigadas en el pueblo.

La leyenda de fray Garín también fue tratada en prosa por el escritor Alexandre Plana en su obra El mirall imaginari [El espejo imaginario]. En nuestros días el tema ha sido incluido por Josep M.a de Sagarra en su extenso Poema de Montserrat (v. Poesías). Asimismo Jo­sep Romeu lo ha tratado, en Aires de lle­genda (1942). Finalmente, existe también una ópera titulada Garín, compuesta por el maestro Tomás Bretón, estrenada en Barce­lona en 1892.